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Mostrando entradas de julio, 2025

No hay salida (1987)

En una de sus conversaciones con Henry Jaglom, Orson Welles comenta que <<cuando ves una película a la edad adecuada, la ves de otra manera; la valoras en su justa medida, la ves como realmente es>>. (1) Pero me pregunto cuándo es la edad adecuada, ¿antes o después? ¿Cómo saberlo? Pero tengo más preguntas, siempre me asaltan cuando más protegido de ellas me creo. Otra que me viene a la mente es cuánto tiempo puede permanecer bajo la cama el negativo de una Polaroid en una casa pulcra y en la que todo parece estar colocado en su sitio, incluso ese negativo, que permanece ahí abajo para que Scott Pritchard (Will Patton), un amigo, un admirador, un esclavo del secretario de Defensa David Brice (Gene Hackman), lo encuentre; sino, adiós suspense y a la carrera contrarreloj que se producirá lejos de esa habitación donde el mobiliario se ha preparado para que luzca en escena, tal vez porque a Roger Donaldson solo le preocupe el efecto y el ir preparando, abonando y sementando el ...

Jenofonte recuerda a Sócrates

¿Cuántos son los personajes (históricos) de la Antigüedad que pueden presumir de llegar hasta nuestros días? De viva voz, ninguno, pero si ya es mediante fuentes propias o impropias, Sócrates es uno. Mas no se le puede culpar, pues lo hizo sin querer; nunca pretendió ni imaginó que su nombre se escucharía casi dos mil quinientos años después de pasearse en toga y sandalias por la Acrópolis, cuando en este conjunto arquitectónico resplandecía el mármol y no era objeto de la visita masiva de turistas, ni que un tipo cualquiera escribiese sobre él mediada la tercera década del siglo XXI. No dejó testimonio de su puño y letra, no escribió ninguna de sus ideas ni pregunta alguna. Lo que sabemos de él nos llega por el testimonio de otros. Por una parte está su filosofía, la que Platón le atribuye en sus obras para desarrollar la suya. Por otra, hay constancia de su juicio, de su sentencia a muerte y de su suicidio. La condena a muerte de Sócrates ha pasado a la historia como una de las grand...

Hoffa (1992)

Uno de los temores de Thomas Jefferson fue que su país cayese en manos de una elite que lo controlase todo. Tal vez no se dio cuenta de que ya lo estaba y que él pertenecía a ella, pero el caso es que temía eso porque, de suceder, la democracia en la que creía y que defendía correría el riesgo de ser una oligarquía en cubierta, en la que unos pocos controlarían al resto. Para evitarlo estaban la Constitución y las leyes, que funcionan en teoría y según la interpretación —solo cabe pensar en el principio de igualdad, incumplido porque el dinero y el poder desigualan en cualquier rincón del mundo, diga lo que diga un papel, incluso la pertenencia a un grupo étnico y el sexo desigualan o lo hicieron en un pasado no muy lejano—, puesto que la práctica se distancia de la teoría, para ser espejismo del ideal inexistente en la realidad de las calles, de los guetos, de las casas, de las familias, de las fábricas, de los juzgados, de las carreteras, de los trabajadores, de la marginalidad… e in...

Sofia y tal vez su mundo

La curiosidad y el deseo de conocer son los motores que nos empujan a las preguntas e inician la búsqueda de respuestas, las cuales a menudo no llegan o llegan para que, tiempo después, sean sustituidas por otras que se irán sucediendo. Como humanidad, las iremos acumulando, descartando o aceptando, y como individuos, no conoceremos la mayoría de ellas porque estaremos muertos y otros todavía no nacidos tendrán que plantearlas y reflexionarlas, descartar las insatisfactorias y buscar nuevas, y así hasta que la especie humana desaparezca, pues tal es el sino de lo que nace. La vida de la humanidad, también la de la persona, aunque esta de mayor brevedad, es un continuo viaje, un caminar y tropezar en busca de respuestas que expliquen el universo físico y abstracto, también que nos expliquen como especie y como individuos, así como nuestra relación con el mundo. ¿Qué nos diferencia del resto de los seres vivos? ¿Y entre tú y yo? ¿Qué tengo para ser yo y no ser tú, pero ser nosotros? ¿El ...

Carlos Casares e Vento ferido

Habería que agradecer a Francisco Fernández del Riego a súa insistencia a Carlos Casares para que incluira no seu primeiro libro publicado o conto Monólogo , un dos doce relatos que se recollen en Vento ferido , no que o escritor nacido en Xinzo de Limia aporta o seu gran para a renovación da narrativa galega, dito doutro xeito influirá na obra de escritores posteriores. Nado en 1941, Casares publicou Vento ferido en 1967, cando aínda estaba estudando na Universidade de Santiago de Compostela… Nesta pequena e imprescindible obra narrativa, que foi outra das lecturas obrigatorias na miña infancia escolar, vexo hoxe nas súas páxinas dúas cousas que me chaman a atención e que de pequeno pasáronme por alto. Unha faime pensar no pasado e outra no tempo posterior a publicación (xa pretérito). A primeira é unha influenza recibida de contacontos como Castelao e Rafael Dieste , e a segunda é a co libro exercerá, por exemplo, nos primeiros relatos de Suso de Toro, alá polos anos oitenta, do sé...

Las cosas cambian (1988)

Don Ameche vivió en la década de los ochenta lo que se puede considerar como su segunda época dorada; la primera la tuvo en los años treinta y cuarenta, con títulos tan destacados como Chicago ( In Old Chicago , Henry King, 1938), Medianoche ( Midnight , Mitchell Leisen, 1939) y El diablo dijo no ( Heaven Can Wait , Ernst Lubitsch , 1944). En los ochenta se dejó ver en Entre pillos anda el juego ( Trading Places , John Landis, 1984) y cobró protagonismo en la exitosa Cocoon (Ron Howard, 1985) y en su menos interesante secuela, pero su mejor aportación durante aquellos años le llegaría de la mano de David Mamet, en un film en el que compartió protagonismo con Joe Mantegna, me refiero a Las cosas cambian ( Things Change , 1988), la segunda película dirigida por el prestigioso dramaturgo, que había debutado tras las cámaras en La casa del juego ( House of Games , 1987). En Las cosas cambian, Ameche exhibe un saber estar encomiable como actor, el que transmite a su personaje: un don...

Rincones sin esquinas: curiosidad

Este invierno, en febrero, publiqué Rincones sin esquinas , un libro sobre caminar espacios físicos y temporales,  memorísticos, históricos, artísticos, humanos, legendarios, fundiéndolos en un solo tiempo narrativo que depara el presente indeterminado recorrido por el caminante que deambula en evocaciones, sueños, invenciones, reflexiones, distintos encuentros y en otros aspectos que llaman su curiosidad y que le llevan a investigarlos fuera de texto, ya que, para bien y para mal, comprende que, cuanto le sale al paso, ha formado parte de su vida, incluso antes de nacer … Más o menos, así podría resumir, a grandes rasgos y sin entrar en detalles de estilo ni de la realidad-fantasía que el libro propone, lo que puede encontrarse en sus páginas. Pero si alguien tiene curiosidad, aquí dejo el resultado de la curiosidad propia que me llevó a preguntar y a recibir la siguiente respuesta: Valoración de Rincones sin esquinas  realizada por “Copilot”, la “inteligencia artificial” gra...

Carballo Calero e A xente da Barreira

  Se un bota unha ollada a historia da Universidade de Santiago de Compostela atopa unha morea de nomes fundamentais da cultura galega. Por outra parte, tampouco resulta estrano, xa que a institución ten máis de cincocentos anos de vida e foi o eixo cultural de Galicia durante ese longo periodo que abarca dende a época de Marzoa (1495) e o III dos Fonseca ata a actualidade na que xa hai outras duas universidades galegas máis. Un deses nomes propios é o do ferrolano Ricardo Carballo Calero, quen pasou a ingresar na lista de profesores da Universidade tras anos de ter prohibido exercer ningunha función pública, debido a súa condea tras a guerra civil, na que participou na defensa de Madrid, onde a sublevación colleuno facendo uns exames de oposición. Foi condeado a doce anos de presidio, que non cumpriu ao ser posto en liberdade condicional en 1941, aínda que non sería ata 1965 cando xa pode exercer función pública no instituto compostelano Rosalía de Castro. Mais o seu caso non é es...

Fragmentos de nada: Positivismo a tope (un cuento de propaganda y de terror infantil)

Caminaba sobre el adoquinado, cuando aquel ventanal llamó mi atención. No fue su impersonalidad ni las ganas de exhibir a los transeúntes su interioridad. Pero había algo allí que me llamaba, más bien, que me hipnotizaba.  ¡Cuánta felicidad sentí al leer aquel buenrollismo! ¡Qué ganas de entrar y pedir ser uno del equipo! Tal como os lo cuento, en aquel instante sentí desaparecer de mi mente cualquier negación y negatividad. ¿Estaría soñando? Tal vez, mas lo dudo, porque el letrero continuaba allí mismo, después de pellizcarme, al otro lado de la pared de cristal, luciendo dentro para tentar a los de fuera, pues supuse que los de allí ya gozarían de las maravillas que presumía. Pero antes quería opiniones, me interesaba saber qué pensaban otros acerca del cartel mágico que me llamaba, y lo precisaba antes de acudir y solicitar una entrevista. No quería equivocarme otra vez. Otra, no, ya sería demasiado para mi maltrecha confianza. Buscaba una opinión inocente y espontánea sobre qué...

Fragmentos de nada: Un momento de quietud

Subía la cuesta de la rúa de Vite de Arriba, leyendo La (des)educación, de Noam Chomsky. Caminaba entretenido, pensando en la de veces que había reflexionado muchas de las cuestiones que asomaban en las páginas del libro. Me eran familiares, de otras lecturas y de otros pensamientos anteriores, porque la educación es un tema que me queda cerca, que me interesa desde ya no recuerdo si antes o después de la carrera que estiré a más no poder, de tanto que me llamaba la cuestión educativa. En realidad, fue hacia el final de mi etapa universitaria y después de esta que me interesé en plantearme el a quién obedece y sirve, si libera o encadena, si perpetúa o... Pero al llegar al mirador del Monte de Deus, a bastantes metros de distancia de la cima y más del cielo inalcanzable, dejé de leer y contemplé la vista de Santiago de Compostela que se abría ante mi miopía, la cual no me impidió dibujar en la imaginación las formas nítidas y subjetivas que no se ven en la fotografía. Apenas pude disfr...

Jacques Tati, héros Hulot

Fotografía de Jacques Tati, tomada por André Cros (fuente: wikipedia) Me reconozco en Jacques Tati, tal vez porque su humor me sepa subversivo, al mandar a “tomar por ahí” al supuesto progreso, que el cómico comprende que solo es tecnológico, ni social ni humano (en un sentido humanitario y humanista). Me gusta su personaje Monsieur Hulot, que crea “involuntariamente” el caos para llamar la atención sobre la superficialidad y el esnobismo, sobre la modernidad y su velocidad de escape hacia no se sabe muy bien dónde; ese movimiento de huida constante que espanta la quietud y relega al olvido el tiempo para pensar e incluso el destinado a disfrutar de aquellas cosas en las que los sentidos ya no se detienen o lo hacen (hoy) con la finalidad de crear contenido audiovisual que compartir y con el que llamar la atención. La crítica a la vida a plena carrera, sin mirar atrás, ni a los lados, ni al frente, ni detenerse a saborear el instante, ni a quien te sale al encuentro, ya asoma en Día de...

Fragmentos de nada: ¿Qué me contaría Mateo?

  Mirando la catedral, me viene a la mente la idea de grandeza, y la pregunta de cómo un grupo de personas fue capaz de elevar esas piedras hacia el cielo dándole esa forma que se me antoja hermosa. Y me quedo sin respuesta, como tantas veces me sucede. Tal vez tenga demasiadas preguntas o se reduzcan y siempre sean las mismas. No tengo ni idea; tampoco sé cuáles son las preguntas de otros. ¿Serán las mismas? ¿Similares? ¿Distintas? Supongo que habrá coincidencias y otras que nada tendrán que ver. ¿Qué me contaría Mateo? ¿Y Domingo de Andrade y José de la Peña de Toro? ¿Y Fernando Casas de Novoa? ¿Y si me paso al cine? ¿Qué dirían Wilder, Berlanga, Ferreri, Monicelli…, si les preguntase qué piensan de la grandeza y de la pequeñez, del engaño y el autoengaño? Desconozco sus respuestas, pero seguro que responderían con mayor gracia e ironía de las que yo pueda presumir y poseer. El otro día escribí una entrada en el blog relacionada con el engaño, a raíz de lo que expresaba la public...

Un instante inesperado

Onte, de volta a casa, atopeime cun instante inesperado que devolveume unha vella lenda que escoitei na nenez, ou que lin nalgún relato na escola. Non o lembro, pero o conto si. Viña a dicir que ao final do arco da vella atópase un caldeiro cheo de ouro, mais, como os tesouros que busco son fantasías e momentos, fiquei contemplando as cores. Mentras, a miña mente, que moitas veces vai por libre na procura de quen sabe que, voou lonxe e chegou a Ningures, que é o país onde chega decotío, para logo retornar a min e dicirme que a vida non é como a soñas, nin sequera como cres que a vives. Eu dígolle: saca de aí, pelma do carallo! Vai coa túa razón a outra parte ou cala e olla o ceo, e despóis dime si o que ves non é para crer nos contos e perseguir soños que non buscamos materializar, pois, tanto ti coma min, sabemos de sobras que os soños non son metas, son camiños a tránsitar na brétema, na posibilidade denantes de que a claridade cegadora e o son ensordecedor nos esperte ou de que algú...

Rafael Dieste, Historias e invenciones de Félix Muriel

<<Un hueso es un hueso. Dos, son dos. Y muchos pueden no ser un esqueleto. Yo sé esto y lo otro y lo de más allá, y no sé más que cuando no sabía esto ni lo otro ni lo de más allá…>>, leo que reflexiona Anselmo, el personaje del cuento de Rafael Dieste La peña y el pájaro , páginas después de escucharme suspirar un “no sé” de tantos que desaparecen y reaparecen en el tiempo y en el pensamiento. Aunque lleve una partícula negativa, el  decir “No sé…” no niega saber, abre la posibilidad e introduce la duda, tal vez un interrogante o incertidumbre que puede deparar una idea peregrina, pasajera, viajera, de ida y vuelta o solo de regresar a un punto sin retorno o de partida… No sé… puede que la vida sea una imposibilidad repleta de posibilidades o una posibilidad salpicada de imposibles, una constante búsqueda de uno mismo, de su lugar, de sus dudas, de sus gentes, de sus historias, de sus invenciones... No sé…, pero, en todo caso, la considero un aprendizaje a trompicones ...