A Malcolm X no le tocó nacer en el país de la libertad, de las oportunidades y del sueño americano. A él y a los miembros de su comunidad les tocó nacer en la pesadilla americana, la vivió desde su infancia, la recordaba en sus memorias cuando habló de aquella época en la que su padre fue asesinado por el Klan y su madre encerrada en un centro de salud mental. Malcolm vivió el odio y el racismo, los sintió en la escuela y fuera de ella. En el reformatorio y en la cárcel, en las calles, en los tribunales y allí donde exista segregación. Los sintió también dentro de sí. Los vivió desde su infancia, solo que de niño y adolescente su modo de luchar contra esa lacra era infantil, estéril, posicionándose fuera de la ley. Nunca ocultó su paso por los correccionales de su infancia y de su juventud, pues los comprendió como parte de su camino hacia el hombre en quien se convirtió. Fue en uno de sus encierros cuando comprendió su situación y la de tantos a quienes representaría poco después, sob...