Lógica aplastante Por Antonio Pardines Una lógica aplastante fue la empleada por Stalin para crear su nuevo mundo, donde no tenían cabida ni los viejos campesinos —había que expropiarles las tierras y el grano, la idea de modernizar el país así lo exigía—, ni la vieja guardia revolucionaria ni los intelectuales que el Número Uno —tal como se refiere a él Arthur Koestler en su novela El cero y el infinito (1940)— vería como una amenaza. No se trataba de un loco, sino de un estadista matemático obsesionado con su cuadratura del círculo y la posibilidad de que se la impidiesen llevar a cabo. ¿Eso lo asustaba? ¿Por eso temía a opositores como Trotsky y a los amigos como Bujarin, también a los artistas y a los veteranos oficiales del Ejército Rojo? Ante preguntas así, solo me cabe reconocer que las respuestas siempre son complejas e incompletas, a menudo equivocadas y no siempre satisfactorias. Pero diré que no le provocaban el pánico que sí se desató en él cuando escuchó la noticia de que...