Fragmentos de nada: Amigos o enemigos
Por Antonio Pardines
En una de las películas protagonizadas por Cantinflas, alguien le pregunta si los jinetes que se aproximan son amigos o enemigos. Y el bueno de Mario Moreno le responde algo así como: «Ándele, pues deben de ser amigos, que vienen todos juntos». Y ahí está el detalle, título de otra de sus comedias —tal vez la mejor de las que protagonizó—, que tomo prestado para introducir que el binomio amigo-enemigo planteado a Cantinflas ya había sido señalado por Carl Schmitt cuando afirmó algo así como que la política no es una gestión neutral, sino un conflicto de identidades entre los suyos y los de otros.
¿Pero quién fue este Schmitt que tantas décadas atrás señaló la base del populismo actual? Pues es el mismo Schmitt que justificó y legitimó el sistema jurídico de la Alemania nazi, tal como escribe Manuel Rivas en su espléndida novela Os libros arden mal —publicada en gallego por Edicións Xerais; y en castellano, por Alfaguara—. Podría decirse que este intelectual admirado por Manuel Fraga Iribarne, que le rindió homenaje oficial en Madrid, en 1963, fue el máximo teórico y jurídico del nacionalsocialismo entre 1933, año en el que se afilia al partido, y 1936, cuando la SS lo investiga y se le aparta de sus cargos en el partido, aunque no de su cátedra universitaria. Este hombre, amigo de Ernst Jünger, admirador de Martin Heidegger (y admirado por este), diagnosticó cómo la obsesión por el consenso, la discusión parlamentaria sin fin y la burocracia técnica legal podían llegar a paralizar un Estado. Así que él, con sus conocimientos legales en el bolsillo, no los sacó a airear, sino que los empleó para ayudar a cambiar el juego desde dentro, haciendo que una democracia pasase a ser un totalitarismo.
Schmitt legitimó la dictadura y la concentración de poderes en torno a la figura de Hitler tras el incendio del Reichstag —siguiendo las palabras del discurso del político extremeño Donoso Cortés—, un incendio provocado que, causado por comunistas o sus antagonistas, resultó para los intereses nacionalsocialistas como caído del cielo. Este experto de las Leyes también justificó el asesinato político, el que defendió legalmente durante la Noche de los Cuchillos Largos —en la que se asesinó a Ernst Röhm y a otros jefes de las SA partidarios suyos—. Ese golpe dio vía libre a Hitler; bien es cierto que Röhm no pintaba mejor que el austriaco, solo diferente.
Pero, aunque no lo parezca o sí lo semeje, la obra de Schmitt mantiene su vigencia. Así lo constata que pensadores actuales de distinto sesgo se remitan a lo dicho por él para establecer algunas de sus bases de defensa o ataque. La obra de Schmitt, entre ellas su popular El concepto de lo político (Alianza Editorial), desvela el porqué de la pregunta a Cantinflas, pues el intelectual y jurista alemán introdujo el concepto de que la política es un lugar de batalla entre amigos y enemigos, al tiempo que desvelaba debilidades del sistema democrático que los nazis supieron aprovechar para su beneficio y su asentamiento totalitario en el poder desde las elecciones democráticas de julio y de noviembre que les llevaron a ser la fuerza parlamentaria con mayor representación en 1932. En enero del año siguiente, el general Hindenburg, el aristocrático y monárquico presidente de la República de Weimar, nombraría canciller al antiguo cabo y frustrado aspirante a pintor. A lo que habría que añadir que sus teorías inspiraron la idea de la deshumanización del adversario; deshumanización llevada a cabo por los nazis contra los judíos y otros pueblos. Y más adelante en el tiempo, del sionismo extremo contra los palestinos o de los hutus contra los tutsis en Ruanda, por citar algún ejemplo más reciente.
Fotografía de cabecera: Carl Schmitt, fuente Figuras de actualidad, diario ABC, número 6326, Madrid, 29 de Octubre de 1929 —el mismo día que acabaría conociéndose como «Martes Negro», punto sin retorno del Crack que deparó la Gran Depresión y que disparó la crisis de la República Alemana—.

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