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Mostrando entradas de enero, 2024

El ojo público (1992)

El éxito de Los intocables (The Untouchables, Brian De Palma, 1987) recuperó para la pantalla la figura del gánster, pero su propuesta era más épica que negra, incluso hay momentos en los que la película toma apariencia de western. Pero lo fundamental es que el film de De Palma funcionó en la taquilla y abrió el camino para que otros directores regresasen al pasado gansteril en historias más íntimas que alcanzaron su esplendor en la popular Muerte entre las flores (Miller’s Crossing, Ethan y Joel Coen, 1990) y en la menos conocida El ojo público (The Public Eye, Howard Franklin, 1992); más adelante aparecía L. A. Confidencial (L. A. Confidential, Curtis Hanson, 1997). Salvo en la película de los Coen, la figura del gánster es secundaria en las otras arriba nombradas, aunque fundamental en los hechos que se investigan, los cuales desvelan corrupción y la fina y mal definida línea entre luces y sombras. En el espléndido film de Howard Franklin, que también fue responsable del guion, ...

Érase una vez en el salvaje Jollywood

A menudo las cosas no salen como uno quiere; los proyectos se van al traste y los sueños de tipos como Harvey Henderson Wilcox y Daeida (Hartell) Wilcox no dejan de ser los de un enajenado; que suele ser quien lo vive al tiempo que lo sueña y se obsesiona. A esta pareja le salió el tiro por la culata, cuando su paraíso soñado se convirtió en el paraíso de los sueños de celuloide y de las juergas hasta el amanecer. Por descansar, los tunantes del cinematógrafo no lo hacían ni el séptimo día. Pero ¿cómo iba a saberlo el buen matrimonio, si cuando soñó su utopía, el cine todavía no existía? Corría el año de gracia de 1883 cuando el comprador y vendedor de terrenos llegó a Los Ángeles junto a Daeida, con quien había contraído matrimonio en el altar en una ceremonia (quiero pensar) a la altura de sus expectativas. Ambos eran fervientes religiosos del medio oeste, de Ohio creo recordar, y pretendían crear en los terrenos adquiridos un nuevo edén, religioso y de moral cristiana. Era idílico y...

Tess en el país de las tempestades (1914)

En 1914, Mary Pickford, que había trabajado en la Biograph, firmó contrato con la Famous Player de Adolph Zukor. Ese mismo año rodó para la compañía de Zukor las dos películas que definitivamente la consagraron como la gran estrella del cine estadounidense. Un buen diablillo (A Good Little Devil, 1914) y Tess en el país de las tempestades (Tess of the Storm Country, 1914) fueron dirigidas por Edwin S. Porter, auténtico pionero cinematográfico que había iniciado su andadura profesional en la Edison, cuando el cine apenas era más que una curiosidad que nadie sabía hacia dónde se dirigía. Él fue de los primeros en saberlo. Se dedicó a buscar posibilidades expresivas y fue el artífice de uno de los primeros hitos cinematográficos: Asalto y robo de un tren (The Great Train Robbery, 1903), film que sorprendió por el primer plano con el que Porter rompía la distancia entre la pantalla y el público. Ahora, en ese 1914, un año antes de retirarse, en el que el celuloide avanzaba y se desarrol...

¡Venga alegría! (1923)

Favorito del público y uno de los actores mejor pagados del momento, Lloyd vivía en 1923 uno de sus mejores años profesionales. A  El hombre mosca (Safety Last!, Fred Newmeyer y Sam Taylor, 1923) y a la creación de su propia productora, Harold Lloyd Corporation, se le sumaba ¡Venga alegría! (Why Worry, Fred Newmeyer y Sam Taylor, 1923), una comedia a su medida, veloz mezcla de acción física y de gags refinados, en la que el astro hace de las suyas haciendo de millonario hipocondríaco, rol que aparentemente lo aparta de su chico de clase media habitual. Era su primer largometraje que le alejaba de suelo urbano estadounidense, pero se distanciaba del medio natural de su personaje en buena compañía. No me refiero solo a la de la enfermera (Jobyna Ralston) que le cuida, sino a dos cineastas fundamentales en el cine cómico silente: Newmeyer y Taylor, encargados de la parte técnica de esta producción en la que Lloyd demuestra ingenio y presume de plenitud física y burlesca. La historia...

Pánico en la calle 110 (1972)

El inspector Tibbs, al que dio vida Sidney Poitier en El calor de la noche (In the Heat of the Night, Norman Jewison, 1967), marca un punto de inflexión en el policíaco. El personaje se presenta como un agente culto, elegante, inteligente, resolutivo, independiente y totalmente consciente de su valía, incluso de su superioridad intelectual y moral respecto a la mayoría blanca que le rechaza o le pone en duda, por el color de la piel, durante su estancia en la localidad sureña donde se desarrolla la investigación propuesta por Jewison. Su presencia se impone y el personaje de Rod Steiger acaba reconociéndole y sintiendo admiración por quien ya considera un igual. Su choque de manos sella su amistad, pero también confirma el inicio de una época hacia la igualdad, la cual no sería efectiva hasta que se produjese en todos los ámbitos legales e ilegales. El teniente interpretado por Yaphet Kotto en Pánico en la calle 110 (Across 110th Street, 1972) hereda esa imagen de policía modélico y...

Hoosiers (1986)

Cuando la vi de niño, me apasionaba el baloncesto, jugarlo y verlo, también soñarlo. Era mi deporte. El que practicaba y en el que me divertía, en el que pensaba despierto y con el que a veces me quedaba dormido. En aquel momento, a las puertas de entrar en el instituto, vi Hoosiers (David Anspaugh, 1986) y, en poco tiempo, volví a verla varias veces más. Sabía que se inspiraba en una historia real, pero ¿qué cuento no tiene algo de real y mucho de inventado? Además, ¿qué me importaba si había sucedido o no algo similar? Lo que me interesaba era lo que veía en la pantalla. Su historia, bastante simple, me conquistaba una y otra vez. Años después la bajé del pedestal y, aunque todavía me guste su ausencia de conflicto y su victoria de los pequeños, ahora la siento de un modo diferente. Ya no juego ni veo baloncesto. Los sueños son de otro estilo; entre los que supongo se cuelan pesadillas que no recuerdo al despertar. El baloncesto de aquellos años de mi infancia eran los de “Magic” y ...

Los invasores (1912)

En un país en construcción, la frontera tiene un significado, un simbolismo y unas circunstancias muy diferentes a uno cuyos límites geográficos se han asentado. En el imaginario popular, el primero evoca la aventura y lo desconocido, se omite el conflicto de intereses que existe sobre el terreno, mientras que en el segundo caso apenas es un límite administrativo en el que se establece la burocracia aduanera. En 1912, cuando las fronteras estadounidenses ya se habían concretado al norte con Canadá y al sur con México, al este con el océano Atlantico y al oeste con el Pacífico, no hacía tanto que los límites continentales hacia el oeste eran una realidad geográfica sin concretar al tiempo que suponía una idea romántica para quienes leían sobre ellos o escuchaban historias que no siempre eran veraces. Pero ahora, en los albores de la década de 1910, cuando los pioneros lo eran del cine y no de los territorios, aquella idea solo sobrevivía en la memoria histórica, en la literatura y en la...

La pequeña vendedora (1927)

En el cine todo es posible mientras se pueda imaginar, incluso que una “pretty woman” silente encuentre a su príncipe azul en unos almacenes de todo a cinco y diez centavos, y que resulte que este sea el hijo del millonario dueño de la superficie comercial donde ambos se conocen y enamoran. Aunque no es allí donde se desarrolla la mejor escena cómica de La pequeña vendedora (My Best Girl, Sam Taylor, 1927), sino en la calle, cuando la chica viaja en la parte trasera de una camioneta y el joven corre tras ella para devolverle el bolso caído y otras cosas que ella va tirando con disimulo. Evidentemente, se trata de una comedia romántica, género que se puso de moda durante el último periodo del cine mudo, el que va desde la posguerra hasta el triunfo del sonoro. Fue entonces, entre finales de la década de 1910 y parte de la siguiente, cuando las grandes estrellas femeninas de la época se dejaron caer por la combinación romance y humor, incluyendo en la receta un toque melodramático y alg...

Gorriones (1926)

Producida e interpretada por Mary Pickford, Gorriones (Sparrows, William Beaudine, 1926) es una de las grandes películas de la estrella durante el último tramo del silente. Sin ser novedosa su propuesta, pues apenas aporta novedad desde una perspectiva técnica ni argumental, resulta una película entretenida, por momentos brillante, que funciona en todo su metraje. Gorriones es Pickford; ella la hace posible, ya sea como productora o en su rol de joven inocente que lucha por los niños a los que protege; también es un ejemplo de narración cinematográfica, del uso de los espacios narrativos, sobre todo del pantano, y un alarde en el uso de la iluminación, que se ajusta y distingue sus tres marcos espaciales, no en vano contó con tres grandes de la fotografía: Charles Rosher, Hal Mohr y Karl Struss. La ligereza con la que Beaudine expone el drama al servicio de la actriz, quizá junto a Lillian Gish y Gloria Swanson, la más popular del Hollywood mudo, es gratificante. Su ritmo solo se ve ...

The Struggle (1913)

No hay más crédito que el del título de la película y de la productora: Broncho; pues en aquel momento todavía no existía la “necesidad” de la autoría ni la de asociar los rostros con nombres que se harían populares y se convertirían en reclamo para el público. Esto no tardaría en cambiar, pero en los primeros trabajos de Thomas Harper Ince no hay necesidad de acreditar quien hace de héroe ni quien de villano, quien de heroína ni quien es el director o quien el operador; de ahí la dificultad para recordar a tantos “quienes” que participaron en aquellos primeros films realizados en Inceville y en otros estudios de la época. Por entonces, lo que a Ince (y demás pioneros sobre el terreno de la filmación) le interesaba eran las posibilidades de las imágenes y, salvo por la ausencia de entidad psicológica en los personajes y de la complejidad temática de futuros westerns —complejidad que en los albores del cine a nadie importaba—, The Struggle (1913) acumula, en su apenas media hora de me...

Thomas Harper Ince, producción en cadena

<<A cinco millas al norte de Santa Mónica, siguiendo la línea costera californiana, existía un fabuloso lugar llamado Inceville. Se llamaba así en honor de su propietario y creador, Thomas H. Ince. Consistía en una sucesión de escenarios al aire libre y falsos decorados de westerns, tan usuales en los films de aquellos días…>>, en los que no paraban de salir películas del horno. Eran como el pan fresco, salían prácticamente cada jornada, eran de consumo rápido y sabroso. El buen sabor de boca que dejaban en el consumidor implicó mayor demanda y, <<como el volumen de operaciones que se desarrollaba en Inceville crecía de la noche a la mañana, Thomas H. Ince compró y construyó una serie impresionante de platós en un terreno situado en el nuevo pueblo de Culver City…>> (1) Por entonces todo era novedad y cada jornada, en el estudio de Ince, se aprendía el oficio a la par que se trabajaba para afianzar el lucrativo negocio de producir películas. ¿Quien se lo iba a d...

Arde Mississippi (1988)

1964, tres jóvenes activistas de Derechos Civiles desaparecen en un condado de Mississippi y dos agentes del FBI, en apariencia y en experiencias apuestos, son enviados a investigar el paradero. A grandes rasgos este sería el argumento de Arde Mississippi (Mississippi Burning, 1988), una de las mejores películas del británico Alan Parker, realizador cuyo periodo de mayor esplendor abarca títulos tan populares como  El expreso de medianoche (Midnight Express, 1978), Fama (Fame, 1980), El corazón del ángel (Angel Heart,1986),  Los Commitments (The Commitments, 1991) o este drama policial y racial que se inspira en la investigación real y cuyo guion corrió a cargo de Chris Gerolmo. Desde la llegada a la pequeña localidad, la pareja de federales protagonista sospecha que los activistas han sido asesinados por supremacistas y racistas blancos, crimen que Parker expone en el prólogo, previo a los títulos de crédito iniciales. Los siguientes minutos los dedica a presentar a los ...

Maestro (2023)

A veces me pregunto si es culpa mía que, por lo general, el cine ya no me llene ni llame mi atención como antes. Es posible que así sea, no lo descarto debido a mis más de cuatro décadas de ver películas a diario, aunque todavía haya excepciones que logran arrancarme emociones. No es el caso de Maestro (2023), ni del personaje principal, ni de la historia tal y como me la plantea. No me interesan, al menos no como la expone Bradley Cooper. Su mirada y su narrativa no despiertan mi interés, al contrario, lo diluyen como ya me sucedió en su versión de Ha nacido una estrella (A Star Is Born, 2018). Tampoco sus alardes me llaman. El blanco y negro sustituye al color que inicia Maestro —y al que regresará avanzado el metraje y los años— para alejarse del presente y crear un pasado de ensueño en el que el romance y la música son latidos que dan vida al film de Cooper. Tal ensoñación se basa en la juventud —momento que invita a soñar y perseguir los sueños— de Leonard Bernstein, director d...

Mack Sennett, de golpe y porrazo

Durante los primeros años del siglo XX, el cine todavía era un horizonte lleno de posibilidades para los pioneros que no dudaron en aventurarse por él. Comprendían que se trataba de un negocio o quisieron verlo como tal, de modo que se lanzaron de cabeza y las imágenes en movimiento se expandieron por todo el mundo. Los primeros países fueron Francia y Estados Unidos, con los Lumière y Edison, quien, como de costumbre, quiso el negocio para sí, ya que había intuido su alcance económico; aunque no tanto como en realidad llegó a ser. Había para todos, pero él no quería compartir, así que luchó contra los independientes en lo que se conoció como “la guerra de las patentes”. Pero su Trust, formado por la Biograph, la Vitagraph y productores como Pathé y Gaumont, acabó perdiendo contra quienes, con razón, Hollywood considera los fundadores de su industria cinematográfica. Los independientes, tipo Carl Laemmle, Adolph Zukor o William Fox , iniciaron sus negocios cinematográficos en la costa ...