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El nacimiento de una nación (1914)



Uno de los primeros rótulos de El nacimiento de una nación (The Birth of a Nation, 1914) expresa la intención de su autor de <<...exigir el derecho a la libertad de mostrar el lado oscuro del mal para poder iluminar el lado luminoso del bien,...>>, a todas luces una simpleza que no pretendía profundizar en cuestiones más allá de ¿quién querría iluminar algo que ya se ilumina por sí solo? Otro intertítulo que llama la atención no tarda en asomar en la pantalla, en él se puede leer  <<Cuando el africano fue llevado a América, se sembró la primera semilla de discordia>>. Esta afirmación plantea la duda de si los hombres y mujeres originarios de las costas africanas que fueron trasladados, en contra de su voluntad, al nuevo mundo, pidieron ser hacinados en condiciones inhumanas, en el interior de las bodegas de los barcos en los que muchos de ellos perecieron antes de alcanzar el continente americano, donde a los supervivientes les aguardaba la esclavitud y donde la semilla a la que se refiere el rótulo explicativo ya habría sido regada unas cuantas veces antes de su llegada. Poco después, se muestra (en un momento previo al estallido de la guerra civil) a varios Cameron (familia sureña) y Stoneman (familia norteña) visitando a un grupo de esclavos que disfrutan de sus <<dos horas para comer en medio de la jornada laboral, de seis de la mañana a seis de la tarde>> (por lo visto hubo quien no supo distinguir entre jornada laboral y esclavitud), lo que me lleva a preguntar cómo olvidaron comentar detalles de la paga, del derecho a vacaciones o de la seguridad social de los trabajadores. Estos dos momentos anuncian la absurda visión de la realidad histórica expuesta por David Wark Griffith durante el resto del metraje de un film cuyo posicionamiento ideológico, además de censurable, resulta ridículo. Sin embargo, y a pesar de su racismo, El nacimiento de una nación es una obra clave dentro de la Historia del Cine, <<Trece años después, el sonido cambiaría por completo el cine, pero fue El nacimiento de una nación lo que ganó la conciencia de América, lo que convenció al mundo de que las películas eran una forma de arte por derecho propio, y no solo una desviación del teatro>>. Las palabras de 
Raoul Walsh no exageran a la hora de valorar la importancia histórica de esta película, que adquirió una dimensión técnica y narrativa hasta entonces impensable, y que supuso una ruptura con el espectáculo que se venía ofreciendo en producciones que se aferraban a un estilo teatral y a la falsa creencia de que la larga duración no se adecuaba al medio cinematográfico. Pero Griffith contrarió dicho supuesto al ofrecer esta épica, de ideología cuestionable y carácter tergiversador, de tres horas de duración, que se divide en dos partes separadas por la escena del asesinato de Lincoln. La primera de ellas se centra en el desarrollo de la Guerra de la Secesión, y descubre planos de batallas hasta entonces nunca vistos, en los que cientos de extras hicieron las veces de unionistas y confederados.


En la segunda parte, la apología del racismo se manifiesta en mayor medida al enfocar, desde la manipulación y la falsedad de hechos, el nacimiento del Ku-Klux-Klan, como si se tratase de un grupo de libertadores formado para salvar al Sur de los abusos de los antiguos esclavos. Esta circunstancia, la de ser un film racista, provocó las airadas protestas de un amplio sector del público, así como su prohibición en algunos países europeos como Francia, en la que no sería estrenada hasta seis años después, aunque nada de esto evitó que se convirtiese en un enorme éxito que confirmó a 
Griffith como el más grande de los realizadores del momento, algo que quiso reafirmar un año después con Intolerancia (Intolerance, 1916), otra superproducción de larga duración en la que su desmesura y sus novedades técnicas se saldaron con el fracaso comercial, que no artístico. Pero, dejando a un lado los aspectos ideológicos expuestos por un hombre educado en los valores y tradiciones sureñas del siglo XIX, habría que decir en favor de Griffith que fue un excelente técnico que aportó y desarrolló viejas y nuevas técnicas (travellings laterales y motorizados, segmentación de escenas o el montaje paralelo de diversas acciones) que sirvieron para sentar las bases del cine moderno y la evolución del medio que, con el paso de los años, se convertiría en un arte. Pero, desde un punto de vista narrativo-creativo, en su manera de profundizar en las historias no se aprecia ni la creatividad ni la poética de autores como Chaplin o Murnau, capaces de transmitir con sus películas emociones y sensaciones negadas a las capacidades de Griffith, lo que provoca que exista en El nacimiento de una nación un pronunciado desequilibrio entre el acertado uso de la técnica y el simplista contenido de su historia, ya no por su postura, sino por su manera de narrar, quizá porque Griffith careciese del talento de los grandes narradores cinematográficos que le siguieron (y que emplearon sus aportaciones al medio), algunos de los cuales participaron en esta producción: Raoul Walsh, que asumió labores de ayudante de dirección en las escenas de las batallas así como actorales al encarnar al asesino de Lincoln, Erich von Stroheim, también ayudante y extra, o, por lo visto, un primerizo John Ford que figuraba entre los muchos extras con los que contó esta película que cambió para siempre el concepto cinematográfico.

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