A veces me pregunto por qué nos comunicamos, cómo y cuándo llegamos a la conclusión de que debíamos hacerlo para sobrevivir y perpetuarnos a lo largo del tiempo. ¿Dónde se encuentran nuestros orígenes? Tampoco importa determinarlo, y dudo que podamos hacerlo. Lo importante es que la hemos heredado; me refiero a esa capacidad de resistir, insistir, desistir y volver a tropezar e iniciar un nuevo ciclo, que no deja de ser similar al anterior, aunque cada época, cada generación, cada persona, se sienta única y diferente. Y sin embargo, cuanto nos parecemos. Tal vez por ello digamos cualquiera, pues en cualquiera nos miramos, nos reflejamos, nos conocemos, nos desconocemos. Nos olvidamos de quienes somos y de quienes fueron. Pero en “Sueños de engaño” me interesa hablar de lo que apunta el título: que nos engañamos y soñamos. En definitiva, me engaño como el que más y me gustan las malas costumbres de escribir como quiero y de dialogar con el pasado, con el presente y con posibles futuros....
La caída de la hoja Por Antonio Pardines Cuando Michelle (Hélène Vincent) le da las setas a su hija Valérie (Ludivine Sagnier), me viene a la mente la idea de que don Anselmo, el superhéroe motorizado de El cochecito (Marco Ferreri, 1960), envenena a su familia para poder acariciar la felicidad y libertad que se le negaba. Lo hizo para romper su aislamiento, para poder sentir que aún estaba vivo en un entorno familiar, social y político de muertos vivientes. Pero su momento eran los primeros años de la década de 1960, cuando el núcleo familiar era distinto al que domina en la actualidad, que incluso puede ser unidad, como la que forma Michelle consigo misma en su pueblo cerca de Auxerre. Allí, de vez en cuando, recibe la visita de su hija y de su nieto (Garlan Erlos). Con la primera apenas tiene más relación que escuchar su desprecio y pedirle dinero; y con el segundo, la que la libera de una soledad mayor, una que no es aislamiento absoluto gracias a su amistad con Marie-Claude (Josi...