La única novela que he leído de Fernando Vallejo, El desbarrancadero , apenas la recuerdo. Por mucho que intente recuperar la impresión que me produjo entonces, solo me llega la idea de que su narrativa buscaba ser diferente, “a trompicones”, incomoda, sin refinamientos ni concesiones al lector. En definitiva, lo único que recuerdo, o quizá sea fruto de la propia evocación, es que el escritor pretendía tener voz propia, sin disimular que la forzaba. Barbet Schroeder también la persigue a lo largo de su obra. Quiere un cine suyo, tal vez por ello no se adapte al comercial y busqué exigir a su público una actitud que abandone la comodidad en la que se sitúa el cine mayoritario. Pero no siempre me convence, ni me estimula, que sería el caso de La Virgen de los sicarios (1999), la adaptación que realiza de la novela de Vallejo; aunque no le niego sus momentos, ni su intención de ser distinta ni su humor negro, que funciona. Al contrario, me parecen aciertos, puesto que esas intenciones so...