Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como alfredo landa

El alcalde y la política (1979)

Una astracanada política Por Antonio Pardines Durante el franquismo, el cine político era impensable en España, o al menos uno que no fuese adoctrinador a favor del régimen. Cierto que existían pequeñas dosis de política en algunas películas que colaban sus mensajes entre las risas y el llanto, ahí están Luis García Berlanga, Juan Antonio Bardem, Marco Ferreri, Saura o el cine negro de los años cincuenta y sesenta para introducir de contrabando algunas miserias y realidades de aquellos años. Pero lo que se dice cine político no sería posible hasta la muerte del dictador en 1975. Entonces proliferó ya no por la necesidad que había de exponer y de hablar de lo que había sido y de lo que estaba siendo, sino porque el tema vendía. Y no hay que olvidarlo: el cine es negocio, aparte de propaganda, entretenimiento o arte —en el mejor y menos prolífico de los casos. Hay un montón de ejemplos de este tipo de películas hechas en la España de la transición, pero quizás las más importantes y recon...

El crack (1981)

Un bigote duro y melancólico por las sombras de Madrid Por Antonio Pardines Mitómano, cinéfilo, nostálgico , José Luis Garci dedica su película a Dashiell Hammett, o quizás sería mejor decir que se la dedica a su gusto por la obra del autor de El hombre delgado . Tras su dedicatoria —y declaración de simpatías—, Garci presenta a su personaje principal como un tío duro y solitario. Para ello, muestra a Germán Areta (Alfredo Landa) cenando solo, sin ponerse nervioso ni perder el apetito ante el atraco de dos asaltantes que ignoran que una de sus cuatro víctimas es un detective de la vieja escuela, la de los Dashiell Hammett y Raymond Chandler, la que representarían en la pantalla tipos bajitos como Humphrey Bogart y Alan Ladd o ya altos como Robert Mitchum. Areta continúa a lo suyo, aunque no deja de observar los movimientos de los delincuentes. Lo tiene todo controlado y su público, nosotros, lo sabemos desde que la pareja irrumpe en el local. Tiene un revólver y la experiencia de quien...

Tuset Street (1968)

Contar con una estrella puede ser positivo para la promoción de un film, pues indudablemente será el mayor reclamo para atraer al público a las salas, o también puede servir para que tu película deje de ser tuya e incluso para que te echen de lo que habías ideado,  a lo que habías dedicado tu tiempo y puesto en marcha ilusionado o al menos con ganas de hacerlo bien . Esto último le sucedió a Jordi Grau con Tuset Street (1968), una película que pudo ser y que finalmente fue la acabada y firmada por Luis Marquina . Grau y Enrique Josa habían hecho un guion que Suevia Films se ofreció a producir tras la buena acogida en el Festival de San Sebastián de Una historia de amor (1966), el anterior trabajo del realizador barcelonés,  pero una de las condiciones de la productora era que Sara Montiel la protagonizase — olvidaron advertirle a Grau las cláusulas del contrato de la actriz, que le permitían vetar la elección de su coprotagonista o del cámara —. Ante la imposibilidad de...

La ciudad no es para mi (1966)

El inicio de La ciudad no es para mí ( Pedro Lazaga , 1966) parodia el ritmo urbano del “desarrollo económico” de la década de 1960. Es caricaturesco y desenfrenado. No pisa freno y resulta uno de los comienzos más acelerados del cine español del momento, también de su antes y de su después. La veloz sucesión y aceleración de imágenes de Madrid, acompañadas por la voz del narrador que informa a similar velocidad del número de habitantes, automóviles, nacimientos, bodas y defunciones, pero tomándose algún que otro respiro antes de volver a la carga, concluyen siguiendo a un hombre anónimo ( José Sazatornial “ Saza ”) a quien el narrador interrumpe para decirle que a ese ritmo no va a llegar a viejo. <<¿Y a usted qué le importa?>>, replica el “velocista” a quien hemos visto y no visto acelerar el paso, apurar la meada, devorar el perrito caliente que compra en un puesto callejero, tragar el café, pagar, dejar propina, así no pierde tiempo esperando el cambio, y de nuevo vol...

Tata mía (1985)

La suma de las carreras artísticas del trío protagonista de Tata mía (1985) — Imperio Argentina , Alfredo Landa y Carmen Maura — prácticamente abarcan gran parte de la historia del cine español, enlazando distintos periodos del siglo XX hasta la actualidad: Dictadura de Primo de Ribera (1923-1930), Segunda República (1931-1936), Guerra Civil (1936-1939), Franquismo (1939-1975), Transición (1975-primera mitad de la década de 1980) y Monarquía Constitucional (1978-?). Imperio Argentina había debutado en La hermana san Sulpicio ( Florián Rey , 1927), siendo su periodo de mayor éxito la década de 1930, mientras que Alfredo Landa lo hizo como extra en la segunda mitad de los años cincuenta y, en la siguiente, ganó presencia hasta convertirse en uno de los actores más populares de la comedia del tardofranquismo —y del cine del último cuarto de siglo y primeros años del siguiente. Por su parte, Carmen Maura debutaba en la Transición y se afianzaba en la década de los ochenta. Cuando Jos...

El puente (1976)

Después de más de tres décadas de dictadura militar, la muerte de Franco abría un nuevo horizonte que muchos aguardaban, aunque pocos sabían qué iba a deparar. Lo que sí parecía claro era que el fallecimiento del dictador implicaba un cambio en la política y en la sociedad española, y con él, el nacimiento de la libertad de expresión que posibilitó que un cineasta comprometido con sus ideas como  Juan Antonio Bardem retomase su discurso tras varios años realizando películas alimenticias, que ni colmaban sus intereses ni sus expectativas, pero que se vio obligado a asumir para continuar ejerciendo su oficio. Con  El puente  (1976),  Bardem  regresaba al cine social, aunque no lo hizo desde el drama metafórico de  Muerte de un ciclista (1955), Calle Mayor (1956) o Nunca pasa nada (1963), ya que no necesitaba ocultar su ideología, ni disfrazar su intención de mostrar parte del panorama español del momento: lucha sindical, emigración e inmigraci...

La vaquilla (1985)

En la guerra civil vista por Luis García Berlanga y Rafael Azcona no hay héroes, a lo sumo hay peluqueros que hacen las veces de teniente, efebos que entretienen en seductora conversación a los centinelas nacionales, seminaristas que han colgado los hábitos, toreros que, ante la idea de saltar al ruedo, se cagan en los pantalones; ida por la pata abajo de la que, ante la muerte, no se libra ni el diestro ni el siniestro más pintado. Luego están los profesionales, tipos ellos tan marciales como el sargento nacional Agapito ( Antonio Gamero ) y el brigada republicano Castro ( Alfredo Landa ), que charlan y se aprecian, porque ellos se entienden, mientras intercambian tabaco y papel de liar para que todos fumen en ese frente aragonés donde las tropas de ambos bandos llevan varios meses sin pegar un tiro. Cada uno está donde está, quizá por convicción ideológica, quizá porque la sublevación militar le pilló en el lado equivocado, pero lo cierto es que a la mayoría la guerra le ha sido im...

Los santos inocentes (1984)

Parte de la obra literaria de Miguel Delibes ha sido adaptada a la pantalla con mayor o menor acierto por cineastas como Ana Mariscal  en El camino , Luis Alcoriza  en La sombra del ciprés es alargada , Antonio Mercero  en La guerra de Papá  o  Antonio Giménez Rico  en El disputado voto del señor Cayo  y  Las ratas . Pero quizá haya sido  Mario Camus  el más acertado a la hora de dar forma cinematográfica al universo del escritor vallisoletano. La adaptación de Los santos inocentes  (1981) realizada por  Camus expone desde el realismo un régimen social casi feudal en la España rural de la década de 1960. Los santos inocentes  (1984) se inicia en un momento inexistente en la novela que presenta a dos de los protagonistas: El Quirce ( Juan Sánchez ) y la Nieves ( Belén Ballesteros ), los hijos de Paco, el bajo ( Alfredo Landa ) y Rémula ( Terele Pávez ), a partir del cual la historia se traslada al pasado, regresando en de...

Atraco a las 3 (1962)

A veces, ni pretendiéndolo sale y, a menudo, ni lo mejor ni lo peor encuentran una única explicación y las que se barajan no siempre son las definitivas. Cuando se escribe el guion, la idea esta ahí, cierto, pero nunca sale como se plantea en el papel. El caso es que siempre sale diferente, mejor, peor o, sencillamente, distinto de lo previsto, ya que la imagen en movimiento difiere de la letra estática y los actores y actrices dan alma particular a personajes que, vistos en pantalla, adquieren rasgos definidos y particulares que se asocian con cada miembro del reparto. Quizá, en ocasiones, la fortuna se alíe con el talento y las buenas intenciones, y quizá esa alianza se dio cuando José María Forqué  llevó a la pantalla el argumento escrito por Vicente Escrivá y Vicente Coello y dio forma cinematográfica a Atraco a las tres (1962), una forma en la cual la gracia y el humor salen de la pantalla para formar parte de la mente del espectador. Su  reparto, las situaciones ...