Como aficionado al buen cine encuentro placentera la elegancia de los movimientos de la cámara de Max Ophüls , sus encuadres, su transgresora modernidad, su sentido rítmico y fílmico en películas como El placer ( Le plaisir , 1952), uno de sus grandes títulos (que no son pocos) y un regalo sensorial desde sus créditos iniciales hasta su ambiguo final, cuando el recorrido por el placer, el amor, la pureza y la muerte se cierra con la paradójica negación <<la felicidad no tiene por qué ser alegre>>. Con frecuencia se ha dicho y escrito que Ophüls es el director por excelencia del melodrama y del cine femenino, quizá por su genialidad a la hora de dar forma a La mujer de todos ( La signora di tutti , 1934), Carta de una mujer desconocida ( Letter from a Unknown Woman , 1948), Madame de... (1953) o Lola Montes ( Lola Montès , 1955), sin embargo, es algo más, es el creador de un universo cinematográfico subjetivo, repleto de sensaciones...