En su momento, la película sufrió numerosos cortes en su montaje original, mutilación que iniciaba el constante pulso entre el responsable de Avaricia (Greed, 1924) y el sistema de estudios, que veía en el realizador a un excéntrico despilfarrador de tiempo y de dinero. Este despilfarro provocó que Irving Thalberg, por aquel entonces en la Universal, intentase frenar el exceso de metraje (y gastos) de una película que ejemplifica el gusto de Stroheim por los uniformes, por tiempos pasados idealizados y por los espacios glamurosos donde cohabitan la falsedad y la lujuria, dos rasgos que definen al conde Sergius Karamzin (Erich von Stroheim) y a sus dos primas, las princesas Olga (Maude George) y Vera (Mae Busch) Petchnikoff. Afincados en Montecarlo, tras su aristocrático disfraz, esconden su vileza y su impostura, mientras disfrutan del lujo y de las comodidades que pretenden conservar a costa de la inocencia pueblerina del matrimonio estadounidense que, recién llegado a la ciudad monagesca, se deja deslumbrar por el falso brillo, el juego y los placeres. En este entorno elitista, Helen Hughes (Miss DuPont) encuentra en la figura del conde aquello que no observa en su marido (Rudolph Christians), quien, en su ceguera, no se percata del deseo que Karamzin despierta en su esposa. Para Helen, la figura marcial y aristocrática del europeo representa la nobleza que, en su condición de norteamericana, la deslumbra, sin ser consciente de que el exiliado ruso pretende aprovecharse de ella, como ya ha hecho con el resto de mujeres que se presentan en su camino. Para ello emplea su apostura, sus uniformes y su aparente superioridad, así como su lado poético y sensible, que también utiliza para sacar dinero a Maruschka (Dale Fuller), la enamorada y engañada sirvienta a quien, mediante lágrimas falsas, arranca los ahorros de toda una vida. Heredero del personaje encarnado por Stroheim en su ópera prima Corazón olvidado (Blind Husbands,1919), Karamzin es un don Juan sin escrúpulos, un hombre que no duda a la hora de engañar para obtener el placer que satisfaga su voraz deseo carnal y material, por ello y para ello potencia su imagen aristocrática al tiempo que se aprovecha de las carencias emocionales y sexuales que observa en sus víctimas femeninas, a quienes, ofreciendo una visión de aquello que ellas desean, engaña para así continuar disfrutando del lujoso nivel de vida al que se ha acostumbrado, y del cual no pretende renegar.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...



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