Irving Thalberg no la comprendió o, de hacerlo, no quiso reconocerla porque chocaba con sus intereses. Tras abordar la nave de Stroheim, "el último magnate" acabó echando por la borda al capitán. Este relato marino no pretende escapar a la realidad que deparó la intervención de Thalberg. El ejecutivo, por aquel entonces al servicio de la Universal de Carl Laemmle, minó la autoridad del director en su barco durante la travesía de Los amores de un príncipe (Merry-Go-Round, 1923) y finalmente lo arrojó por la borda. Este instante supuso el principio del fin de la carrera del cineasta y marcó el final de una época en Hollywood, la del director creador de películas, y el principio de otra, la del productor amo y señor de los films realizados en su feudo. Algo cambió en ese momento, la población hollywoodiense fue consciente; el férreo sistema de estudios y la producción en cadena habían llegado para quedarse. Pero Stroheim no se rindió y buscó libertad en otras aguas, un nuevo reto y nueva compañía, la Goldwyn, y se embarcó rumbo a la adaptación de la novela McTeague, de Frank Norris. Mas Avaricia (Greed, 1924) no era una isla, era un territorio cuya inmensidad apuntaba a continente. Su tamaño se agrandaba a medida que el cineasta se adentraba en él, pues su visión superaba cualquier expectativa imaginable...
Stroheim controlaba cada aspecto de sus películas, desde el guión hasta el montaje, pasando por el vestuario, la elección del reparto e incluida la música de acompañamiento que sonaría en las salas, y le traía sin cuidado las fechas previstas. Nunca engañó en esto, cualquiera en Hollywood lo sabía, y la Goldwyn Pictures lo sabía. La empresa tampoco pasó por alto que alguien así era un riesgo, más aún para un estudio que iba a la deriva y necesitaba éxitos inmediatos que lo alejasen del hundimiento definitivo. Era <<el director de más talento de Hollywood. Von Stroheim era el mayor argumento contra el cine de productor. Era, sin duda, un genio, y sin duda, tendrían que haberle dado libertad suficiente para que hiciera lo que le viniese en gana, aunque a primera vista pareciera una locura>>1. Pero la desmesura del genio era un problema y la solución pasaba por incluir, entre la libertad total creativa prometida, topes presupuestarios, de metraje y de tiempo de rodaje. El responsable de Esposas frívolas (Foolish Wives, 1922) aceptó, aunque ¿qué libertad era esa? ¿La de poder rodar a sus anchas dentro de los márgenes establecidos y, si jugaba bien sus cartas, llegar más lejos? El caso es que Stroheim llevaba tiempo pensado adaptar la novela, no pretendía una transcripción literal de la misma, ni un acercamiento superficial, quería crear su propia tragedia griega. Así, cuando concluyó el guion, el presupuesto ya doblaba el previsto por la compañía, pero, nadie sabe por qué, recibió luz verde. Llenó su nave de escenas rodadas en exteriores, de minuciosidad y gusto por los detalles visuales, de naturalismo heredado de la novela, de inventiva propia, de atmósfera cargada de sordidez, opresión, y momentos de angustia, de profundidad de campo y puso rumbo a la tragedia humana. Mezcló todo ello y más, priorizó la psicología de los personajes, su paso de seres racionales a bestias humanas y su inevitable proceso de destrucción. Se tomó su tiempo para presentar las personalidades de los protagonistas, el trabajo en la mina, los padres de MacTeague (Gibson Gowland), su aprendizaje de dentista, su desconocimiento del sexo opuesto, su llegada a San Francisco, a un edificio donde abre su consulta y donde establece su relación con Marcus (Jean Hersholt), quien a su vez mantiene una con Trina (Zasu Pitts), a quien, tras un accidente, lleva ante su amigo.
1.Orson Welles en Peter Biskind. Mis desayunos con Orson Welles (traducción Amado Diéguez Rodríguez). Anagrama, Barcelona, 2015





GREED es una de las mejores películas de la historia sin duda
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