Roma, Cinecittà, Giulietta Masina, la figura del clown felliniesco por excelencia, y Marcello Mastroianni, alter ego y reflejo alterado del realizador, también forman parte del sello Fellini; y en Ginger y Fred, la ciudad se llena de basura y de publicidad y el estudio cinematográfico se transforma en el hotel, en los pasillos y en plató donde Massina y Mastroianni son fantasmas de un pasado que solo existe en la imaginación felliniesca, en ese presente caricaturizado donde la pareja no se reconoce y, a pesar de su fragilidad y su desorientación, se enfrenta a la modernidad de un entorno caótico, quizá deshumanizado y sumamente idiotizado, donde tienen cabida todo tipo de personajes -intelectuales, religiosos, políticos, vagabundos, un almirante retirado, un transexual, diversos imitadores, un presentador casposo y hortera, un par de diseñadores de lencería comestible,...- De tal manera, Fellini idea, construye y dirige un circo de varias pistas. En la central, el reencuentro de Pippo y Amelia después de tres décadas sin verse, y en las laterales, aunque igual de principales, los entresijos del programa, antes y durante su emisión, el comportamiento de los profesionales y de los invitados que lo hacen posible. La constante presencia de cámaras, de aparatos de televisor —en el interior de una furgoneta, en el hotel o en las salas de la emisora— y de los comerciales son constantes a lo largo de este viaje deformador, pero lúcido, por momentos espectral —el apagón y las palabras de Pippo confirman que tanto Amelia como él son fantasmas en una pesadilla—, nostálgico y siempre satírico al interior del medio que reúne a la pareja que se hizo famosa imitando a Ginger Rogers y Fred Astaire; y, fuera de escena, Ginger y Fred reunía profesionalmente, tras veinte años, a Fellini y al guionista Tullio Pinelli, con quien había colaborado desde sus inicios en el cine hasta Giulietta de los espíritus (Giulietta degli spiriti, 1965), reencuentro que no hace sino reafirmar la postura del cineasta respecto al presente que altera para exponer una realidad más allá de la aparente.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...



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