Ir al contenido principal

Frenético (1987)

Entre los buscadores cinematográficos de seres queridos se encuentran los protagonistas de Centauros de desierto (The Searchers, John Ford, 1956), Hardcore (Paul Schrader, 1979) o Desaparecido (Missing, Costa-Gavras, 1980), también el de La selva esmeralda (John Boorman, 1984) y el cirujano de Frenético (Frantic, Roman Polanski, 1987). Hay más, incluso un niño llamado Marco, pero ahora mismo me quedo con esos para decir que lo único que tienen en común estas historias es contar la búsqueda de alguien cercano que ha desaparecido, pues cada uno de los títulos nombrados desarrollan ideas diferentes. En el caso del film de Roman Polanski, la apariencia se acerca más a una película de Alfred Hitchcock, por ejemplo, a su segunda versión de El hombre que sabía demasiado (The Man Who Knew Too Much, 1956), que al drama que implica la pérdida. Con la complicidad en el guion de Gerard Brach —y sin acreditar, Robert Towne y Jeff Gross—, el director polaco empuja a su héroe a vivir una situación desesperada por un entorno que desconoce y por donde busca a su mujer, a quien cree que han secuestrado.

El inicio del descenso de Richard Walker (Harrison Ford) a su infierno parisino, cual Orfeo en busca de su amada, se produce cuando Sondra (Betty Buckley) desaparece del hotel sin dejar rastro ni explicación. A partir de ahí, Walker tiene que enfrentarse a la desaparición, a las sospechas, a la condescendencia y burlas, que no le pasan desapercibidas, tanto de la policía como de la embajada, a la burocracia, a la ciudad y al idioma que desconoce, a los contrabandistas y a espías, sin más ayuda que la que encuentra en Michelle (Emmanuelle Seigner), la joven con quien ha confundido e intercambiado las maletas, en una de las cuales se encuentra el “mcguffin” que permite a Polanski dar rienda suelta a su mirada al estadounidense de clase media fuera de su habitual ubicación americana. La estancia en París del doctor Walker es cualquier cosa menos idílica, y le obliga a sacar al héroe que todo estadounidense de cine parece guardar bajo su normalidad. No es que se crea John Wayne o John McClean, otro que por rescatar a su mujer las “pasa canutas”, ni el ombligo del mundo, sino que asume que nadie más le va a ayudar, como comprueba en la embajada de su país o en la prefectura de policía; en ambos lugares solo le dan largas e insinuaciones sobre una posible infidelidad por parte de su mujer. Pero el frenesí prometido por el título no se logra, quedando un thriller que juega a ser Hitchcock siendo Polanski, pero este funciona mejor en espacios cerrados y con personajes cuya interioridad se desequilibra a medida que se sumergen en las situaciones que les atrapan; lo cual no parece el caso del doctor interpretado por Harrison Ford...



Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

El sendero de la traición (1988)

Ismos prematrimoniales Por Antonio Pardines Una de las características del cine de Costa-Gavras es el adentrarse en espacios y en situaciones que desvelan el abuso ya sea de un Estado o de un grupo de poder. Y sus películas suelen funcionar como manifiestos cinematográficos que no temen señalar desmanes y crímenes, sobre todo aquellas en las que contó en el guion con la colaboración de Jorge Semprún y de Franco Solinas, dos escritores igual de comprometidos y con quienes trabajó durante su primera época. Ya considerado uno de los grandes del «cine político», gracias a Z (1969), La confesión ( L’aveu , 1970) y Estado de sitio ( État de siège , 1972), su popularidad se disparó tras el éxito de la espléndida crónica realizada sobre el golpe de estado de los militares chilenos en 1973 y la posterior represión en Desaparecido ( Missing , 1982), cuyo guion corrió a cargo de Donald E. Stewart, que adaptaba el libro homónimo de Thomas Hauser. Más adelante, cuando regresó al cine de habla i...