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Mister Arkadin (1954)


<<Nada de presentaciones, esto es una mascarada>>, pronuncia Gregory Arkadin (Orson Welles) en su primera aparición entre las sombras. No son una negación y una afirmación caprichosas, sino que unidas desvelan más de lo que dicen. El personaje no solo se refiere a la fiesta de disfraces donde se encuentra con su opuesto
 (Robert Arden), sino que hace alusión a cuanto se contempla en la pantalla: apariencias, verdades y mentiras que de una forma u otra se encuentran presentes en la obra cinematográfica de Orson Welles. Desde su debut en Ciudadano Kane (Citizen Kane; 1941) hasta su despedida en Fraude (F for Fake; 1973) estas constantes fueron empleadas por el cineasta para reconstruir las personalidades de sus protagonistas a partir de la destrucción narrativa que experimenta con el uso del montaje (alterado por el productor en la versión internacional de este film), con la ruptura temporal, con los encuadres o la iluminación. Su afán experimental alcanzó máximos en su primer y en su último film, pero también en Mister Arkadin, cuyo guión se inspiró en un episodio del serial radiofónico The Adventures of Harry Lime (1951), protagonizado por el personaje que Welles había interpretado en la magistral El tercer hombre (The Third Man; Carol Reed, 1949).


Partiendo de aquel programa, escrito por el propio realizador, el misterio que rodea a Arkadin se inicia con la voz en off que introduce las imágenes del avión sin piloto que preceden al primer plano de Jacob Zouk (
Akim Tamiroff) y a su inmediato encuentro con Van Stratten. En ese instante se ignora cualquier cuestión relacionada con ambos y el por qué de las nerviosas y apremiantes palabras del segundo, que se contraponen al aparente desinterés mostrado por su oyente. Esta circunstancia ofrece la primera pieza del rompecabezas, que cobra forma mediante el flashback que se desarrolla en la oscuridad portuaria de Nápoles donde el narrador y su novia (Patricia Medina) escuchan de boca de un moribundo, apuñalado por la espalda, dos nombres que podrían significar mucho dinero: Gregory Arkadin y Sophia. La trama regresa a la miserable guardilla para poco después volver al pasado, durante el cual se suceden varios planos del buscavidas investigando sobre Arkadin, un poderoso millonario, pero, más allá de esta cuestión, nadie puede decirle ¿quién es en realidad? El interrogante remite a Chales Foster Kane y a la recomposición realizada por Welles a partir de los saltos temporales que nacen de los recuerdos de quienes trataron al magnate de la prensa y del diario de su tutor, pero la exposición que indaga sobre el pasado de Arkadin procede de una única fuente, Van Stratten, poseedor del secreto que va desvelando al público a lo largo de su relato, que tiene como centro a ese corrupto millonario que le asegura no recordar nada anterior a 1927.


En el montaje internacional, el productor
Louis Dolivet se decantó por la linealidad expositiva de los hechos (un solo flashback), lo cual alteraba la intención del cineasta, sin embargo en la versión española, y en la posterior estadounidense, la película recupera parte del montaje previsto por su autor, de modo que las imágenes regresan una y otra vez a la habitación donde el investigador relata y su acompañante escucha aquello que ya conoce, pero que descubren el carácter (simbolizado en la narración de la rana y el escorpión) y la obsesiva necesidad del personaje interpretado por Welles de ocultar a su hija (Paola Mori) los delitos del pasado. La joven es la meta de los dos antagonistas, que se igualan en ambigüedad y en ausencia de escrúpulos, similitud que se potencia con los planos y contraplanos en los que la figura de Arkadin se opone a la de Van Stratten, como si con esta alternancia se constatase su semejanza, pero también la supremacía y la omnipresencia, temible y poderosa, física o por alusión, del magnate. Allí donde viaja su empleado, se deja notar su presencia, y lo hace en las palabras de los entrevistados o en sus apariciones durante el recorrido internacional del aventurero, pues Arkadin emplea la búsqueda de su oponente para completar la suya, consciente de que esta le permitirá conservar la máscara que nada tiene que ver con el antifaz del que se despoja cuando escucha la amenaza de <<¿qué pasaría si alguien emprendiese una investigación de su vida?... ¿Qué diría un informe confidencial como este referente a su persona. Toda clase de bajezas, desde Braco en adelante...>>.

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