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A través de los olivos (1994)


Tres años después del rodaje de ¿Dónde está la casa de mi amigo? (Jane-ye dust koyast, 1987) se produjo un terremoto en la zona donde Abbas Kiarostami había filmado su película. La catástrofe natural acabó con la vida de unas cincuenta mil personas y conllevó cuantiosas perdidas materiales, así como el drama humano que el director iraní intentó plasmar en dos producciones que toman como excusa el saber qué fue de los dos jóvenes protagonistas del primer título que compondría la trilogía de Koker. Ya entrada la década de los noventa, Kiarostami filmó Y la vida continúa (Zendegi va digar hich, 1992), cuyo argumento gira alrededor de un hombre que busca a los pequeños protagonistas de aquel film, a quienes no encuentra entre los estragos provocados por el fenómeno sísmico. En ambos títulos se descubre la mirada humanista de Kiarostami, que recuerda a la realista de los cineastas que dieron pie al neorrealismo italiano; igual que ocurre en A través de los olivos (Zire darakhatan zeyton, 1994), la cual se desarrolla en el mismo espacio que las anteriores, incluso puede decirse que esta se desarrolla en un tiempo idéntico a la segunda al descubrirse como un documento (ficticio) sobre la filmación de Y la vida continúa. Las secuelas del terremoto mantienen una fuerte presencia dentro del entorno donde el equipo de rodaje se prepara para realizar ese segundo film, hecho que crea dos tiempos narrativos: uno ficticio, que se desarrolla durante las tomas de una escena, y otro real, que permite un mayor acercamiento a la realidad que les rodea. Antes del comienzo de la filmación se realiza el casting entre las mujeres del lugar para encontrar a la actriz principal, papel que recae en Tahareh (Tahareh Ladanian), una joven instruida que tendrá que encarnar a una campesina, hecho que acarrea el primer contratiempo cuando esta se niega a vestir las ropas típicas de aquellas. Un segundo problema surge a raíz de que el actor escogido es incapaz de pronunciar sus frases debido a la tartamudez que le afecta cuando se encuentra delante de una chica, ante tal percance el director (Mohammad Ali Keshavarz) no tiene más remedio que sustituirle por Hossein (Hossein Rezai), un albañil analfabeto que se niega a seguir ejerciendo su oficio. El rodaje se descubre rodeado de circunstancias reales que afectan tanto a actores como al medio donde todavía se perciben las secuelas del movimiento sísmico: pérdidas personales, pueblos abandonados, casas derruidas, campamentos en las cercanías de las carreteras o niños que acuden a una escuela de campaña. En las conversaciones que mantiene tanto el director como la señorita Shiva (Zarifeh Shiva) con los habitantes de la zona se habla del presente en el que viven, mientras, en el rodaje, surge un nuevo inconveniente cuando Tahareh se niega a responder a las palabras del personaje interpretado por Hossein, contratiempo que afecta a la marcha del film y provoca que el actor se sincere con el realizador, que vendría a ser el álter ego del propio Kiarostami. En las palabras del primero se descubre un pensamiento que aboga por la mejora social desde una perspectiva ilusa, aunque no carente de cierto sentido, ya que para él las diferencias socio-económicas se solucionarían si los cultos se casasen con los analfabetos y los ricos lo hiciesen con los pobres, alcanzando de ese modo un equilibrio inexistente. Tanto el director como el espectador conocen el por qué del silencio de Tahareh cuando Hossein confiesa su interés real por su esposa en la ficción de un rodaje que le permite dirigirse directamente a ella, sin intermediarios, compartiendo el mismo espacio donde le expone, entre toma y toma, sus sentimientos y su intención de convertirla en su esposa real, circunstancia que le permitiría alcanzar ese equilibrio del que habla.

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