Cuando se habla de melodramas es inevitable pensar en Douglas Sirk, un director cuya carrera americana se recuerda, casi siempre, por una serie de excepcionales e intensos dramas como Escrito sobre el viento (Written on the Wind, 1956), una película que comienza en el momento más trágico de la historia para retroceder en el calendario hasta detenerse en el instante en el que Mitch Wayne (Rock Hudson) y Kyle Hadley (Robert Stack), dos amigos de la infancia que son totalmente opuestos, conocen a Lucy Moore (Lauren Bacall). Mitch es responsable, constante y pobre, mientras que Kyle se muestra inseguro, descontrolado e hijo de uno de los hombres más ricos del país, estas diferencias se descubren a primera vista, sin embargo, el relato no tarda en mostrar al verdadero Kyle, un ser atormentado, autodestructivo y falto de un amor propio que le permita encauzar una vida cuyo rumbo se ha perdido muchos años atrás. Su encuentro con Lucy Moore resulta como un soplo de aire fresco, porque en ella haya a una mujer distinta a las que ha conocido hasta entonces, aunque no puede evitar actuar como de costumbre, ofreciendo una imagen ostentosa, despreocupada y engreída, tras la que se esconde el hombre sensible y necesitado que Lucy descubre tras la primera impresión. Para Mitch resulta un duro revés comprobar como Kyle y Lucy inician una relación que le gustaría para sí, pero su amistad se encuentra por encima de sus deseos, así pues asume que su amigo y la mujer que ama contraigan matrimonio, un enlace que provoca un cambio radical en Kyle y en las relaciones con su entorno, sobre todo con su padre (Robert Keith), quien, hasta entonces, no ha hecho más que amasar una fortuna, su máxima preocupación, y sufrir los caprichos y extravagancias de sus dos hijos: Kyle y Marylee (Dorothy Malone), quien actúa impulsada por la soledad y la decepción que la llevan a buscar en los hombres lo que no puede conseguir de Mitch.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...




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