Ir al contenido principal

El fantasma va al oeste (1936)


Las películas con fantasmas no siempre se encuentran destinadas a provocar miedo o sensaciones incómodas; en ocasiones se producen films que se sirven de un espíritu frustrado y condenado a vagar por el mundo de los vivos mientras espera a que su maldición acabe o que alguien les ayude a ponerle fin. Esa sería la propuesta de René Clair en esta producción de la London Films, del productor húngaro Alexander Korda, la primera que el cineasta francés rodaba fuera de Francia. El fantasma va al oeste (The Ghost Goes West, 1936) presenta a un espectro que, en lugar de atemorizar a la población, alcanza la fama cuando su castillo prisión se traslada pieza a pieza a los Estados Unidos. Donald Gloury (Robert Donat), descendiente de Murdoch Gloury (Robert Donat) no tiene más remedio que vender el castillo de sus ancestros para pagar a todos los acreedores que constantemente le exigen el pago de sus deudas, sin embargo la venta no resulta tarea sencilla, pues en la zona todos los vecinos saben que en el interior de sus muros vive un fantasma condenado a reaparecer todas las noches a partir de las doce en punto. Desesperado y sin esperanzas de confirmar una transacción que le quite de encima a tanto acreedor, Donald se desvanece más que su doble espectral para evitarles, hasta que no tiene más remedio que pedirles su colaboración si desean cobrar. Peggy Martin (Jean Parker), la hija de un magnate de la alimentación, pretende comprar el castillo; éste es el milagro que Donald estaba aguardando, pero teme que la aparición de su tataratatara...abuelo impida el negocio, así pues cuando suenan las doce despide a los señores Martin e hija antes de que se presente el condenado, circunstancia que da pie a la confusión que sufre Peggy cuando regresa al castillo y tropieza con el fantasma, a quien toma por Donald. Confirmada la venta, el señor Martin (Eugene Pallette) traslada el castillo a América donde volverá a levantarlo para competir con Bigelow (Ralph Bunker), su rival en el mundo de los alimentos, quien además de viajar en el mismo barco, también desea el castillo cuando se entera de que en su interior habita un fantasma, magnífico reclamo para su nueva campaña publicitaria. El viaje transoceánico permite que el fantasma se tome sus primeras vacaciones en doscientos años, respiro que no lo es, pues se encuentra desorientado y desesperanzado al saber que nunca encontrará a un McLaggen a quien obligar a romper la maldición que le ata al mundo de los vivos. Durante la travesía los hechos se desencadenan de forma inesperada, la aparición del fantasma en la cubierta más que asustar llama la atención a una prensa sensacionalista que lo convierte en un acontecimiento a nivel nacional, siendo recibido en Nueva York por una numerosa multitud que le aclama como si fuera un héroe, aunque existen algunos sectores que se pronuncian en contra de la entrada ilegal de un fantasma indocumentado, a pesar de que éste no se muestre ni en el recibimiento ni en la posterior construcción del castillo, un contratiempo para los intereses del señor Martin, quien, habiendo presumido de fantasma, ha organizado una fiesta en su honor. El fantasma va al oeste es una comedia y una fantasía que pretende divertir mostrando a los personajes que rodean a ese espectro que, ajeno a la parafernalia que montan a su costa, se sume en el pesar de no encontrar el final de sus andanzas en el mundo de los vivos, sobre todo cuando, por su condición, no se le permite tontear con Peggy (ni a otras señoritas), he ahí su maldición, de quien su descendiente se ha enamorado, como ella de él o puede que se haya enamorado del propio fantasma, pues, por momentos, ella no tiene claro que sean distintas personas; y si lo son, el fantasma tiene más sangre en el cuerpo, aunque tal afirmación sea una contradicción semántica.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...