Uno de los enfoques del género bélico centra la acción en un grupo de héroes (o antihéroes) dispuestos u obligados, según cada caso, a sacrificar sus vidas para alcanzar el éxito de una misión imposible. Este posicionamiento lo asume Los cañones de Navarone (The Guns of Navarone, 1961) desde el inicio, cuando nos presenta al grupo liderado por el comandante Franklin (Anthony Quayle), autor del arriesgado plan de cuyo éxito depende el evacuar a dos mil soldados británicos atrapados en la isla de Kheros. A este oficial británico se unen Mallory (Grefory Peck), que habla alemán y griego, Miller (David Niven), que utiliza el sarcasmo como defensa ante lo que observa, Andrea (Anthony Quinn), el valiente cretense que ha prometido matar a Mallory cuando concluya la guerra, Brown (Stanley Baker), el mecánico que sufre una crisis existencial durante el cometido, y Pappadimos (James Darren), que regresa al hogar después de diez años en América. Cada uno de ellos resulta de vital importancia para cumplir el objetivo de destruir los dos cañones que impiden el paso de los buques británicos que intentan llegar a la isla donde aguardan los dos mil soldados que, en pocos días, serán exterminados por un poderoso contingente alemán. La clave de la misión reside en el capitán Mallory, el mejor alpinista de su época, él debe escalar el acantilado que les permitiría acceder a la isla sin ser descubiertos. y, supuestamente, alcanzada la cima, su misión habría concluido; sin embargo, la herida de Franklin le convierte en el nuevo líder de ese grupo que debe entrar en la fortaleza alemana donde Miller, el experto en explosivos, volará los dichosos cañones. Los cañones de Navarone ensalza el sacrificio de este grupo de soldados y de los miembros de la resistencia griega, en este caso, dos mujeres: María (Irene Papas) y Anna (Gia Scalia), que colaboran con el equipo para facilitarles el acceso al objetivo; sin embargo, el enemigo no sólo se encuentra en los soldados alemanes, sino que también asoma en el seno del comando, planteándose hasta qué punto es más importante la misión que la vida de los miembros que la llevan a cabo, circunstancia que enfrenta a Miller y a Mallory, cuando éste último desvela su plan, que pasa por utilizar como cebo a Franklin, herido y abandonado en manos de los alemanes. Mallory se ve obligado a aceptar la responsabilidad, a pesar de que ésta no resulta de su agrado, porque es consciente de los sacrificios que conlleva el poder alcanzar un imposible plagado de riesgos y de la constante presencia de unos enemigos que siempre parecen conocer los movimientos del grupo, lo que implicaría la existencia de un traidor entre ellos. Como entretenimiento, el film rodado por Jack Lee Thompson cumple a la perfección, pero resulta irregular en su conjunto, sobre todo por el desequilibrio entre la acción y el drama (nunca creíble), aún así, se convirtió en un clásico del cine bélico de comandos suicidas, en el que destaca por encima de todos la mítica Doce del patíbulo (The Dirty Dozen).
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

La he visto ahora...está entretenida..la escena del barco encallando... es brutal!!
ResponderEliminarLa primera vez que la vi, me entretuvo mucho. Las siguientes veces, la vi con “otros ojos” y descubrí una película distinta, menos entretenida y salpicada de tópicos. En fin, supongo que era una película para ver solo una vez y en aquel momento...
EliminarSaludos María, y gracias por tu comentario.