A fuerza de verla ahí arriba y de saber de ella, la mayoría no fantaseará con una Luna misteriosa, aunque, quizá, todavía nos sorprenda su brillo los días llenos y su redondez máxima cuando se acorta la distancia que nos separa, pero ya no habrá monstruos ni bosques encantados, ni oasis, ni princesas selenitas ni deidades reinando sobre cráteres, piedras y mares lunares. En sus momentos de máximo resplandor prestado, alguien susurrará qué hermosa estás hoy, otro alguien pasará de largo bajo ella mientras quien, en lugar de vivirlo, intentará atrapar el instante, solo alcanzable, mágico y hermoso en la sensación que produce el momento mismo que nos recorre la superficie y bajo la piel, junto emociones en fuga que ni sensiblerías de escaparate ni máquina alguna podrán atrapar y reproducir. La Luna fue un misterio para la humanidad, incluso hoy, a pesar de la tecnología que ha posibilitado alunizajes y diversos estudios, todavía resulta desconocida para la gran mayoría, aunque ya no misteriosa. Pero, no hace tanto, quizá anteayer, el satélite era un enigma que, en su distancia tan cercana o en su cercanía distante, invitaba a fantasear leyendas que formaron y forman parte del folclore de las distintas culturas aparecidas y desaparecidas. La tuvieron presente en sus historias y cuentos, en sus mitos y leyendas, estaba ahí para alumbrar las noches oscuras o para indicar que quizá no estábamos solos en un espacio que resultaba y resulta un enigma mayor.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...




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