El título escogido, dodes’ka-den, refiere el sonido del tren, onomatopeya infantil que vocifera el adolescente que fantasea conducir una locomotora existente en su mente, con la que circula por los arrabales y alrededores de la chabola donde vive con su madre. Roku-chan (Yoshitaka Zushi) fantasea y escapa de la marginalidad conduciendo el tranvía, y quizá en otra marginalidad se reconociesen Kurosawa y los otros maestros que en el presente de 1970 todavía mantenían la ilusión por hacer buenas películas, pero eran marginados por la industria y por las demandas de un público cada vez más infantil y reacio a films que suponían complejos o, dicho de otro modo, que prejuzgaba que no les entretendrían. Lejos de la suposición anterior, la realidad de Dodes’ka-den es la de una película de cambios; que no de transición, pues parte de los temas de Kurosawa se encuentran ahí, igual que su humanismo, y vuelve a encontrar su fuente literaria en una novela de Shugoro Yamamoto —suyas son las novelas que inspiraron Sanjuro (1962) y Barbarroja. Se enfrentaba a su primera película en color, también era la primera que desde El ángel ebrio (1948), con la excepción de Ikiru, no contaba con Toshiro Mifune, y lo que se suponía que iba a ser el inicio de una época, acabó siendo el final de otra. El fracaso en taquilla de Dodes’ka-den impidió que “el club de los cuatro caballeros” existiese más allá de este film notable, incomprendido y rechazado en su momento, al que solo le faltó que la comprendiesen y la valorasen en su complejidad para pasar de obra notable a sobresaliente, puesto que sobresale en su exposición visual del espacio físico marginal, chabolas, suburbios, pobreza, basura, y su marginalidad humana, la de personajes mezquinos, espectrales, egoístas, pintorescos, ingenuos, pobres, ignorantes y, sobre todo, desheredados que viven en la derrota y en la condena de la que se evaden soñando o escapando como el “loco del tranvía”, perdiendo contacto con la realidad y prefiriendo el engaño, como el chico prefiere el viejo tren que conduce por vías que solo existen en su fantasía.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...



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