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La presa (1981)


La filmografía de Walter Hill contiene títulos que ya pueden considerarse clásicos de Hollywood. Entre ellos, Drive (1978), The Warriors (1979) o Forajidos de leyenda (The Long Riders, 1980). Lo cierto es que casi toda su filmografía, tanto de director, como de guionista y productor, lo posiciona entre los cineastas estadounidenses más destacados del último cuarto del siglo XX. Sin embargo, nunca ha logrado la fama de la que gozan Spielberg, Lucas, De Palma, Coppola o Scorsese. Cimino y Schrader aparte, el caso de Walter Hill se parece más al de John Milius. Ambos son directores y guionistas de narrativa contundente, que se sienten más cómodos en las proximidades de un tipo de cine más violento y poniendo a sus personajes en situaciones límite, el de Hill cercano al western, género en el que pueden inscribirse muchas de sus películas, aunque su apariencia o su ubicación temporal, como en Calles de fuego (Street of Fire, 1984) o Traición sin límite (Extreme Prejudice, 1987), sean contemporáneas. Sin ir más lejos, La presa (Southern Comfort, 1981), otro de sus grandes films, también asume rasgos de western, similares a los expuestos con anterioridad en The Warriors, que mezcla con momentos de cine de terror, bélico y suspense, para adentrar a nueve soldados de la Guardia Nacional por los pantanos de Luisiana en 1973.


A primera vista podría recordar a la excelente Deliverance (John Boorman, 1972) e incluso, en el viaje hacia la desorientación y locura que significó la guerra de Vietnam para la sociedad estadounidense, a Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979), pero, más allá de la apariencia y del entorno pantanoso que la relacionan con la propuesta de Boorman, el film de Hill tiene personalidad propia y su propia historia. Louisiana y 1973; ni el marco espacial ni el temporal están escogidos al azar. No es ningún capricho que los pantanos recuerden a la jungla de Vietnam, además, igual que Indochina, el estado de Louisiana había sido una colonia de Francia, y 1973 es el año de la firma de los Acuerdos de París, que anuncian la derrota estadounidense, que puede considerarse su primera derrota oficial y el conflicto que, tras la guerra de la Secesión, dejó más secuelas psicológicas a la nación. La presa sitúa a sus protagonistas en ese periodo de desorientación, de decepción y de neurosis nacional, de modo que los protagonistas son quienes llevan el infierno consigo, el espacio solo les ayuda a desatarlo. Actúan como solados de fin de semana, que realizan maniobras como los niños van de acampada y juegan a vivir aventuras al aire libre. No obstante, ellos viven una desventura mortal, que se inicia porque se adentran en un territorio desconocido, que no les pertenece, sin respetar el medio ni a sus habitantes. Les roban las canoas y cuando aparecen, Stuckey (Lewis Smith), uno de los soldados, descarga las balas de fogueo sobre los tres o cuatro tramperos que les miran desde la orilla. Los descendientes de los colonos franceses no pueden saber que se trata de una broma de mal gusto, de alguien que se cree gracioso y superior, mala mezcla. Así que responde a lo que consideran una ataque y abaten, de un disparo en la cabeza, al sargento (Peter Coyote) al mando. A partir de ese instante, las maniobras se convierten en un descenso a ese infierno que llevan consigo y que desata la locura en Bourden (Alan Autry) o el odio racial de Reece (Fred Ward). Los tramperos, a quienes apenas se ven en pantalla, salvo al prisionero (Brion James) de quien abusan y a quien acusan sin pruebas del asesinato del sargento, actúan o reaccionan ante lo que parece un ataque o una invasión de soldados extranjera. De ese modo, el grupo liderado por el incompetente Casper (Les Lannom) se convierten en el enemigo que está invadiendo su terreno, el territorio que conocen igual que los vietnamitas conocían la jungla. Como los soldados del vietcom, tampoco los tramperos se dejan ver, pero acechan y van reduciendo al grupo, entre cuyos miembros también surgen diferencias y estallidos de violencia —Hardin (Powers Boothe) mata a Reece, cuando este intenta hacer lo propio con él— y el deseo de escapar de ese pantano donde están atrapados y a merced del desequilibrio que, excepto quizá Spencer (Keith Carradine), Hardin y Cribbs (TK Carter), han llevado con ellos desde el principio.



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