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Samurái (1954)


El mismo año que Akira Kurosawa estrenaba su magistral Los siete samuráis
 (Shichinin no samurai, 1954), Hiroshi Inagaki, con todos los medios de la Toho a su disposición, realizaba una película inferior en todos los aspectos pero de mayor repercusión internacional, al ser premiada en la edición de los Oscar de 1955 como la mejor producción en lengua no inglesa. En buena medida, el éxito de Samurái (Miyamoto Musashi, 1954) en los Estados Unidos se debió a la intervención de William Holden, quien, presente durante parte del rodaje del film de Inagaki, se encargó del montaje para su estreno norteamericano. De igual modo, el actor asumió la promoción y puso su voz para introducir la historia de Musashi Miyamoto, personaje histórico, aupado a leyenda del folclore japonés, que ya había inspirado anteriores chambaras cinematográficos, entre ellos Miyamoto Musashi (1944), realizado por Kenji Mizoguchi, o los tres títulos que Inagaki había filmado entre 1940 y 1942. De su versión anterior no se conservan copias, perdidas durante la guerra, sin embargo, como también haría con El hombre del carrito (Muhomatsu no isso; 1943 y 1958), el cineasta realizó una nueva versión de la historia, que se enriqueció con la fotografía en color de Jun Yasumoto.


Desde una perspectiva argumental, Samurái se centra en un amor imposible y en el aprendizaje de Takazo (Toshiro Mifune), a quien se descubre hablando con su amigo Matahachi (Rentarô Mikuni) de la fama que piensa alcanzar en el campo de batalla. Este pensamiento rige su comportamiento, pero, poco después, los dos amigos participan en la batalla de Sekigahara y se produce la derrota de su bando, de tal manera que
 la desilusión aflora en ambos mientras huyen del frente para ocultarse en una cabaña habitada por dos mujeres que sobreviven desvalijando a los muertos, en este aspecto, antecesoras de la nuera y la suegra a quienes Kaneto Shindô concedería protagonismo y mayor complejidad en la transgresora e inquietante Onibaba (1964). Un salto temporal descubre a los fugitivos familiarizados con su nuevo entorno, aunque la paz predominante se rompe con la irrupción de un grupo de bandoleros que Takazo vence empleando su fuerza y su destreza con las armas, cualidades que Akemi (Mariko Okada) percibe y admira, como también lo hace su madre, quien no tarda en ofrecerse al guerrero y verse rechazada. Despechada, idea la mentira que provoca la separación del grupo y la soledad de Takazo, que decide regresar a su aldea para comunicar a la madre de su amigo (Eiko Miyoshi) y a Otsu (Kaoru Yachigusa), su prometida, que aquel continúa vivo. Sin embargo, en una reyerta a la entrada del pueblo, su cabeza es puesta a precio, lo que obliga al guerrero a ocultarse hasta que el sacerdote Takuan (Kurôemon Onoe) lo atrapa y asume su custodia. En ese momento, aunque él lo rechaza, se inicia su aprendizaje, su camino hacia la leyenda, que se completa en las dos secuelas de Samurái, y el amor imposible que comparte con Otsu, un sentimiento amenazado por la decisión que Takazo, renacido como Musashi Miyamoto, debe afrontar: continuar su camino errante hacia la sabiduría y la virtud o priorizar el sentimiento que siente por ella en el puente que volverá a reaparecer en Samurái 2 (Miyamoto Musashi: Ichijoji no ketto; 1955).

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