Ir al contenido principal

Los fusiles (1963)


Igual que el resto de nuevos cines latinoamericanos de los años sesenta, del siglo XX, el cinema novo brasileño surge “natural” a la coyuntura social, cultural y política que se está desarrollando en su entorno —el éxito de la revolución cubana marca un momento clave en el devenir sociopolítico del resto de Latinoamérica, en su busca de liberarse del neocolonialismo y enfilar un desarrollo económico propio— y se hace fuerte en la búsqueda de una personalidad autóctona que no descarta las influencias externas —común a todas las cinematográficas latinoamericanas del momento era que muchos de sus cineastas habían estudiado cine en Roma o en París, entre otras capitales europeas como Praga, Moscú o Londres. Como la nouvelle vague, el underground estadounidense o la nueva ola checa, el cinema novo nace, crece y se desarrolla en la disparidad de sus cineastas: Nelson Pereira dos Santos, el precursor, Glauber Rocha, su máximo teórico y quizá el exponente más radical, y Ruy Guerra son los tres nombres más internacionales de un cine revolucionario cuya ruptura formal iba ligada a su compromiso, testimonio y denuncia, insistiendo en sacar a la luz el subdesarrollo de la realidad marginal apuntada en títulos clave como Vidas secas (1963), Deus e o diabo na terra do sol (1963) u Os Fuzis (1963), film este último que Guerra dedica a la memoria de su coguionista Miguel Torres, con quien ya había colaborado en la urbana Os cafajetes (1962). Común a los tres títulos arriba citados es su ubicación espacial, en el nordeste de Brasil, por entonces, posiblemente la zona más subdesarrollada del país; pero, desde una perspectiva cinematográfica, lo determinante son las personalidades y los estilos dispares de los tres cineastas, disparidad que apunta la riqueza del cine brasileño de la década de 1960.



La voz de un predicador se deja escuchar iracunda en la oscuridad en la que se inicia Os Fuzis, para abrirse a la luz y dejar que su prédica prosiga entre exclamaciones e imágenes de una tierra yerma, seca, solitaria, donde pasta un buey blanco, que la superstición pretende sagrado. El cuadrúpedo ignora las existencias humanas, que viven en la miseria que la cámara no tarda en observar, sin que la voz, que continuará asomando a lo largo del metraje, deje de sonar. Guerra sitúa la acción de su film en el Nordeste, en 1963, donde deja claro que las palabras del predicador no eliminan la pobreza, ni la hambruna ni la sequía, solo obligan a aceptarlas con resignación y en la esperanza de una mejora que no llega. Quienes llegan son los soldados, enviados para guardar el orden y proteger los intereses de los terratenientes, que temen una acción desesperada por parte de esas vidas campesinas que sufren una miseria extrema, tan extrema que se descubre a un padre y a una madre intentando vender a su hija de catorce años o a otro padre llevando en brazos el cadáver de su hijo, muerto víctima de la inanición. Si la presencia religiosa funciona de sedante, la de los militares apunta la violencia de estado: la represión armada simbolizada en los fusiles y que se desata en dos instante puntuales de Os Fuzis, aunque en el resto de metraje se encuentra en estado latente. Los cuatro militares o policías llegan al lugar para mantener el orden, en el caso de que haya algún intento de apoderarse del grano que el propietario acumula en el almacén y posteriormente envía en camiones a los centros donde se comercializará. Teme por sus intereses, y las fuerzas del sistema se encuentran ahí para defender los intereses de una minoría de terratenientes (que acumulan el grano). La escena del bar, donde Pedro, entre trago y trago, explica las características de sus fusiles, apunta amenaza y la afirmación a una pregunta no hecha: que está siempre presto para descargar su fusil sobre el campesino que encuentre fuerzas suficientes para levantarse contra el amo de las tierras. En este caso, no será un campesino quien se alce, sino Gaucho, un camionero y ex-militar, pero la suya es una lucha individual, por lo tanto estéril, aunque sirve para dejar constancia de la pasividad del oprimido y del uso de la violencia por parte del sistema que controla el país.




Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...