Ir al contenido principal

Lúa vermella (2019)

Un film distinto, todos los que siguen el impulso creativo de sus responsables suelen serlo, pero también es diferente por esa Galicia “máxica”, “terra meiga” que Lois Patiño intenta recrear en la pantalla, a partir de un pueblo costero —parte de los exteriores están rodados en Camariñas— donde la quietud ancla a sus personajes en el tiempo, persiguiendo el no tiempo. Desde épocas remotas e inmemoriales, los habitantes de la costa miramos el mar con familiaridad, temor, gratitud, respeto, cariño, incluso con la nostalgia que las profundidades y el horizonte marino traen de un futuro y de un pasado construidos con materiales de evocaciones, realidad y mito, creando de ese modo un presente inexistente que se sitúa entre la realidad y la irrealidad, tierra de espectros, de días grises y noches bajo lunas coloreadas por la sangre y el recuerdo de los ahogados. Uno de los conflictos que puede presentarse ante el cine de Patiño es su insistencia poética. Quiere ser diferente y hace notar su querer ser distinto, pero no presume de divo ni va de cineasta provocativo. Busca ser poeta audiovisual, quizá trovador moderno de cantigas cinematográficas, que no son de escarnio y maldecir, ni de amigo ni de amor, sino de lo intangible, de lo que llevamos dentro, las relaciones del pensamiento con el entorno y los misterios que encierra. Películas como Costa da morte (2013) y Lúa vermella (2020) quieren ser poesías del alma, como pueda serlo Stalker (Andrei Tarkovski, 1979) o, en menor medida, A Ghost Story (David Lowery, 2017). Una forma cinematográfica como Lúa vermella se encuentra a sí misma en la poesía que fuerza en voces, sonidos, silencios y pausas. Pero no resulta una poesía molesta para quien se aleje de las prisas y del ruido cotidiano (predominantes fuera y dentro del cine comercial actual), al contrario, va envolviendo en su estética de quietud y de fantasía triste. Parte de las profundidades atlánticas y sale a la luz para caer en la sombra de una población donde tierra y mar se juntan pero no se hermanan, donde los hombres y mujeres piensan y filosofan en voces interiores que no les pertenecen, que pertenecen al autor del texto y de la película, un cineasta sensible que quiere crear un espacio fílmico que no es la realidad, sino el más allá de lo real. Las imágenes, las voces y los sonidos son su acceso a lo intangible, a su Lúa vermella, intento de atrapar un mundo abstracto y subjetivo, de emociones, sensaciones y reflexiones, pues quizá no haya nada más abstracto y subjetivo que la poesía y el reflexionar sobre la vida y la muerte, sobre los espacios emocionales que, en cierta medida, nos dan forma…

Un filme distinto, tódolos que seguen o impulso creativo dos seus responsables adoitan selo, pero tamén é diferente por esa Galicia “máxica”, “terra meiga” que Lois Patiño intenta recrear na pantalla, a partir dun pobo costeiro —parte dos exteriores están rodados en Camariñas— onde a quietude ancla a os seus personaxes no tempo, perseguindo o non tempo. Dende épocas remotas e inmemoriais, os habitantes da costa ollamos o mar con familiaridade, temor, gratitude, respecto, agarimo, incluso coa nostalxia cas profundidades e o horizonte mariño traen dun futuro e dun pasado construidos con materiais de evocacións, realidade e mito, creando dese xeito un presente inexistente que sitúase entre a realidade e a irrealidade, terra de espectros, de días grises e noites baixo lúas coloreadas polo sangue e a lembranza dos afogados. Un dos conflictos que pode presentarse ante o cine de Patiño é a súa insistencia poética. Quere ser diferente e fai notar o seu querer ser distinto, pero non presume de divo nin vai de cineasta provocativo. Busca ser poeta audiovisual, quizais trovador moderno de cantigas cinematográficas, que non son de escarnio e maldicir, nin de amigo nin de amor, senón do intanxible, do que levamos dentro, as relacións do pensamento co entorno e os misterios que encerra. Películas como Costa da morte (2013) e Lúa vermella (2020) queren ser poesías do alma, como poda selo Stalker (Andrei Tarkovski, 1979) ou, en menor medida, A Ghost Story (David Lowery, 2017). Unha forma cinematográfica como Lúa vermella atópase a si mesma na poesía que forza en voces, sons, silencios e pausas. Pero non resulta unha poesía molesta para quen se afaste das prisas e do ruido cotiá (predominantes fora e dentro do cine comercial actual), ao contrario, vai envolvendo na súa estética de quietude e de fantasía triste. Parte das profundidades atlánticas e sae á luz para caer na sombra dunha poboación onde terra e mar xúntanse pero non se irmandan, onde os homes e mulleres pensan e filosofan en voces interiores que non lles pertenecen, que pertencen ao autor do texto e da película, un cineasta sensible que quere crear un espazo fílmico que non é a realidade, senón o máis aló do real. As imaxes, as voces e os sons son o seu acceso ao intanxible, a súa Lúa vermella, intento de atrapar un mundo abstracto e subxetivo, de emocións, sensacións e reflexións, pois quizais non haxa nada máis abstracto e subxetivo que a poesía e o reflexionar sobre a vida e a morte, sobre la espazos emocionais que, en certa medida, nos dan forma…



Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...