Si algo puedo decir que sea evidente sobre Iván Zulueta y sus películas (las que he visto suyas) es que ninguna puede acusarse de típica; todo lo contrario. Arrebato (1979), su segundo y último largometraje —el primero fue Un, dos, tres… al escondite inglés (1969), producido por José Luis Borau en el que Zulueta asumió labores de dirección sin contar con la aprobación sindical; no había concluido sus estudios de cinematografía ni poseía el carnet del sindicato, por lo que no pudo acreditarse en la realización— es el mejor ejemplo de ese saltarse lo convencional y alcanzar un grado de locura audiovisual, pero no es la única muestra de esa enajenación cinematográfica única en el cine español que fue Zulueta. Párpados (1989) es otra muestra de su ruptura, de crear algo distinto, rebelde, personal,… Claro que por su empeño en ser suyo y para sí, no de otros y para otros, por no tratarse de una pose de modernidad, sino de intenciones audiovisuales que remitían a su gusto y a su pasión po...