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Mostrando las entradas etiquetadas como épico

El último samurái (2003)

El munen es el camino del samurái hacia la armonía que quizás nunca llegue a alcanzar, su búsqueda de la paz interior en un mundo externo donde la codicia condena a estar siempre en guerra. No se trata de una pose, sino de un modo de vida que pocos samuráis seguirían o practicarían. La mayoría, supongo, como otros caballeros de latitudes distintas preferirían llenar sus arcas y entregarse a sus placeres. Pero idealizada la figura del samurái a través del cine, de la literatura, de la traición, nos llega una imagen que escapa a lo mundano para instalarse en la mítica y en algunas obras maestras de Akira Kurosawa , de Masaki Kobayashi o incluso en el Kenji Mizoguchi de Los cuarenta y siete samuráis (1941-42), cuya leyenda también inspiró a Hiroshi Inagaki entre otros cineastas que la trasladaron a la gran pantalla… Pero los suyos eran caballeros distintos a los mostrados por Hollywood, donde el humo, la velocidad en el montaje, los tópicos y los héroes, aunque los vistan de antihéroes...

Horizon. Una saga americana - capítulo 1 (2024)

La relación de Kevin Costner con el western se inicia en Silverado (Lawrence Kasdan, 1985) y, desde esta entretenida aventura, en la que Costner participaba en uno de los principales papeles, llega a Horizon, una saga americana - capítulo 1 (Horizon. An American Saga - Chapter 1, 2024), en la que asume la producción, el guion, la dirección y uno de los personajes de mayor peso narrativo. Entre ambas, han transcurrido casi cuarenta años, cuatro décadas durante las cuales regresó al género de forma asidua. Algunas como Los intocables (The Untouchables, Brian De Palma, 1987) o Revenge (Tony Scott, 1990) no son western, propiamente dicho, pero presentan rasgos genéricos y contienen momentos de la épica del género que también ha llevado a la distopía, como director y protagonista, en Mensajero de futuro (The Postman, 1997) y, como productor y estrella, en Waterworld (Kevin Reynolds, 1995). Pero su film más popular del oeste (y el favorito del público mayoritario) todavía sigue siendo Bailan...

El final del camino (2017)

<<Diego Gelmírez hizo lo que no supo —o no pudo— su predecesor Diego Peláez, todo un prelado de pelo en pecho, todo un político tan misterioso como de gran talla.>>, comenta Adro Xavier omitiendo a Dalmacio, el obispo que gobernó Santiago entre ambos Diegos… <<De ese obispo enigmático>>, se refiere a Peláez, <<de este señor gran innovador, fue paje o familiar, muy pronto, Diego Gelmírez. Allí, en la escuela catedralicia, aquella en ebullición renovadora a la sazón, se educó, abrió los ojos a la política, a la grandeza del Reino de Galicia. Allí vio la caída de su mecenas, vio cómo entre cepos se lo llevaron a la cárcel de León, y más tarde, aquí, por las rúas de líquenes y orvallo, un día recogió la noticia de que Peláez había logrado huir y refugiarse en el reino de Aragón, al amparo de Pedro I, donde con un puñado de parientes y fieles, luchaba en vano, esperaba sin resultado su reposición en el obispado.>> Mientras tanto, en tierras gallegas, <...

Napoleón (1927)

He visto dos veces el Napoleón (1927) de Abel Gance. Una hace muchos años, andaría yo por la veintena, y otra hace menos de un mes, a las puertas de la cincuentena, en su versión restaurada. Prácticamente no la recordaba y confieso que me aburrió la postura de Gance, no su técnica. Supongo que en mi juventud no lo hice, pero ahora me gustó fijarme en la innovación visual de determinados momentos y por otra, sentí como el personaje de Napoleón me sacaba de la película; de hecho, su eterna pose heroica y tanta exaltación por parte de Gance me aburrían. Me entraban ganas de mandar a Gance y al personaje a una roca en medio del océano. Escribí en la libreta que uso para apuntar algunas ideas: “tal exaltación me enferma”. Pero no puedo negar que visualmente posee momentos desbordantes que influirán en otros. Hay una escena en la que Gance sustituye la figura del general por la de un águila que sobrevuela sus tropas antes de la batalla; fue el enésimo momento de sonrojo, pero, desde su pers...

Capitán de Castilla (1947)

De Andalucía a México, en un viaje por la historia y la épica, por la mezcla de la realidad histórica y la aventura cinematográfica, Henry King maneja la aventura y la épica con sobrada capacidad y experiencia, la que le concede ser uno de los pioneros del cine estadounidense y del género, en el que se inició allá por el periodo mudo. King abre su epopeya Capitán de Castilla (Captain from Castile, 1947) impresionando un mapa de la península ibérica con los nombres de Portugal y España, dos imperios nacidos de una misma raíz y con un destino similar al otro lado del océano Atlántico. El plano peninsular también muestra las ciudades de Santiago, ciudad apostólica, supuesta tumba del apóstol peregrino de los gallegos y del soldado de los castellanos, pueblo de mayor belicosidad, quizá el más belicoso y conquistador peninsular, fruto de su juventud y de la ambición de sus monarcas y gobernantes —es un reino que nace, crece y se impone al resto a medida que avanza la reconquista cristiana—...

El Cid (1961)

Su viajero espacial en El planeta de los simios (Planet of the Apes, Franklin J. Schaffner, 1968) es, quizás, su personaje más icónico de la década de 1960, pero los que se asocian de inmediato a Charlton Heston son del decenio anterior, aquel en el que alcanzó el estatus de estrella de celuloide. Su Moisés en Los Diez Mandamientos (The Ten Commandments, Cecil B. DeMille, 1956) y su Judá Ben-Hur en Ben-Hur (William Wyler, 1959) fueron fundamentales y tienen en común su origen hebreo y su paso de la opulencia al destierro, al éxodo y a galeras, respectivamente, y de ahí a su liberación y triunfo. En ambos casos son héroes épicos, sin apenas matices, como lo es su Rodrigo Díaz de Vivar en El Cid (1961), que también tuvo que sufrir el exilio, aunque el suyo se resuelve con una elipsis, una barba y su regreso a la batalla. Había sido desterrado por orden de Alfonso VI, hijo de Fernando, padre de Urraca, no confundir con su tía la de Zamora, que es el personaje que interpreta Genevieve ...

Excalibur (1981)

A lo largo de la filmografía de John Boorman la naturaleza, el primitivismo, el conflicto y la supervivencia se evidencian y cobran mayor protagonismo en Inferno en el Pacífico ( Hell in the Pacific , 1968), Defensa ( Deliverance , 1972) y La selva esmeralda ( The Emerald Forest , 1985), pero también se dejan ver en la nostálgica Esperanza y Gloria ( Hope and Glory , 1987) o en la fantasía artúrica Excalibur (1981), cuya magia nada puede contra el deseo que nace en otra naturaleza: la humana. Junto Defensa , Excalibur quizá sea la película de mayor prestigio de John Boorman , además de ser una de las más personales y de las más difíciles de llevar a cabo, ya que no le resultó tarea sencilla dar forma cinematográfica a la época, a la búsqueda y a las luchas artúricas. La fantasía y la magia conviven entre la violencia y la sangre que priman durante el prólogo que Boorman introduce a ritmo de O fortuna —de Carmina Burana ; música de Carl Orff — para mostrar un reino dividido que...

Sombra (2018)

El combate de Hero ( Ying xiong , 2002) en el que Jet Li dice que <<pese a las diferencias existentes entre las artes marciales y la música, ambas comparten el mismo principio, ambas buscan la armonía suprema>>, apunta lo que será Sombra ( Ying , 2018). Los tonos grises que se adueñan del combate, la lluvia, los acordes de la cítara guqin —un instrumento de cuerda de más de 3000 años de antigüedad— tocados por un anciano invidente mientras se pausa y se desata la lucha, el estilismo como fin, el uso de la cámara lenta, los efectos visuales, que priman durante ese enfrentamiento que el héroe narra en su primer encuentro con el rey, aventuran las formas, la tonalidad de la fotografía, de grises que remiten al título, las notas musicales del arpa china y la lluvia que imperan en Sombra y dejan de lado cualquier otra opción que no sea la estética perseguida y lograda por Zhang Yimou , pero ¿a qué precio? El realizador de Sorgo rojo ( Hong gao liang , 1987) se decanta por l...

¡Tempestad! (1958)

Estoy pensando escribir que Dino De Laurentiis pertenecía a esa especie de productores “más grandes que la vida”, a la que también pertenecían David O. Selznick , Samuel Goldwyn o Samuel Broston . Vaya, lo he escrito, pues ahí queda, hasta que decida borrarlo o alguien lo borre sin aviso, y seguiré el hilo y diré que lo demostró una y otra vez en proyectos colosales que alternaba con producciones modestas, aunque no de menor calidad. Una de esas superproducciones internacionales fue ¡Tempestad! ( La tempesta , 1958). A priori, adaptar la novela histórica La hija del capitán (1836) —que ya había sido adaptada en 1947 por Mario Camerini , coprotagonizada por Vittorio Gassman y producida por De Laurentiis —, escrita por  Aleksandr Pushkin , uno de los principales “modernizadores” de la literatura rusa, parecía una tarea más sencilla que la de adaptar la colosal Guerra y paz , de Tolstoi , para la cual De Laurentiis había contado con la dirección de King Vidor , aunque sin que es...

Caravana de Oregón (1923)

El rótulo que inicia Caravana de Oregón ( Covered Wagon , 1923) dice mucho más que <<La sangre de los EEUU es la sangre de los pioneros... la sangre de hombres y mujeres sin miedo y que llevaron la civilización a las regiones salvajes>>, dice o da por supuesto que solo existe una civilización y donde no la había la llevaron para que dejase de ser salvaje o bárbara. Un segundo inserto prosigue la explicación: <<Con indómito coraje enfrentando peligros de todo tipo, hombres y mujeres empujaron los límites hacia el oeste, más allá del río Mississippi, las praderas, las montañas hasta el océano>>. Habría que preguntar qué tipo de hombres y mujeres y qué les impulsaba. ¿Codicia? ¿Necesidad? ¿Esperanza? ¿Afán de aventura o que eran desheredados en los espacios "civilizados"? Posiblemente, la respuesta se encuentra en la combinación de muchas, pero lo cierto es que James Cruze no pretendió entrar en detalles, como tampoco lo hicieron David Wark Griffith en...