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Mostrando las entradas etiquetadas como clyde bruckman

Putting Pants on Philip (1927)

<<Mi gente se peleaba por ver quién iba a encender el ventilador debajo de la reja>>, comenta  Billy Wilder  a Cameron Crowe en una de sus conversaciones. (1) Veintisiete años antes de que Marilyn Monroe caldease la temperatura del estudio donde Wilder rodaba la mítica secuencia del vestido blanco para La tentación vive arriba (The Seven Year Itch, 1955), a Stan Laurel se le levantaba la falda para mayor gracia del grupo que le sigue en la escena de Putting Pants on Philip (Clyde Bruckman, 1927), gracia hasta que le caen los calzoncillos y el bueno de Philip continúa caminando, ignorando su pérdida. Ahora, como buen escocés, sin nada bajo el kilt, continúa avanzando por la acera en compañía de su tío ( Oliver Hardy ) y lo que posteriormente ven sus seguidores, cuando pasa sobre otra salida de aire, ya no es al flaco en paños menores, sino las partes nobles del genial cómico inglés. ¿Cómo son tales partes? ¿Patricias? ¿Plebeyas? ¿Flacas? ¿Gruesas? ¿Grandes o pe...

El cameraman (1928)

En 1928 los films sonoros se encontraban a años luz de la perfección expresiva alcanzada por el cine mudo, pero la amenaza era real para el silente y poco después fue definitiva. ¿Por qué la industria hollywoodiense apostó por el sonido cuando el medio visual ni lo exigía ni lo precisaba, ya que gozaba de una salud envidiable en películas como ...Y el mundo marcha , Soledad ,  El viento , Los muelles de Nueva York  o  La frágil voluntad ? La pregunta implica una respuesta que no tengo, al menos no una precisa que implicaría mayor detenimiento y conocimiento, de modo que me limito a decir que, con lo escrito hasta ahora, ni pretendo un ejercicio de nostalgia ni minusvalorar el cine hablado o ensalzar al mudo, solo dejar constancia de que la desaparición del silente no se debió al sonido en sí mismo, sino posiblemente a los intereses que el adelanto técnico generó entre quienes manejaban la industria cinematográfica, que no eran precisamente los cineastas ni los espectad...

¡Ay, qué me caigo! (1930)

Cómicos como Charles Chaplin , Buster Keaton ,  Harold Lloyd  o Stan Laurel  & Oliver Hardy crearon personajes tan exitosos y reconocibles que, al pensar en ellos, las primeras imágenes que vienen a la memoria popular son las de sus creaciones. Estas han sobrevivido al paso del tiempo y a las modas —siempre efímeras, impersonales, impuestas y poco novedosas—, para alcanzar la universalidad que inicialmente permitió que la entrada del sonoro no afectase a las carreras artísticas de sus inventores, como sí afectó a las de los pioneros cinematográficos Mack Sennett  y  David Wark Griffth  —durante la etapa sonora solo rodó  Abraham Lincoln  (1930) y The Struggle  (1931)— o la del actor  John Gilbert  —estrella del silente a partir de su papel protagonista en  El gran desfile ( The Big Parade , King Vidor , 1925)—, cuya voz no es que no resultase acorde con los personajes que interpretada, pero sí su enfrentamiento con Mayer....

El maquinista de La General (1926)

Resulta curioso que en su época de mayor creatividad, el público le diese más la espalda que posteriormente, cuando firmó su contrato con la MGM y perdió el control sobre las producciones que protagonizó en el estudio dirigido por entonces por Louis B. Mayer e Irving Thalberg ; pero el éxito o el fracaso comercial de sus películas no responde a la calidad que atesoran, sino a la caprichosa decisión de los espectadores de acudir o no al cine a disfrutar de sus comedias. Obviamente, la marcha en la taquilla también responde a otras cuestiones ajenas al film en sí, por ejemplo el número de copias distribuidas o la campaña publicitaria, aunque esta no siempre funciona como se espera, pero, finalmente, el público es quien decanta la balanza. Y el de la década de 1920 prefería a Harold Lloyd , cuyo personaje presentaba un humor más directo, contemporáneo y urbano, que conectaba mejor con el gusto popular, o a Charles Chaplin , quien era el número uno gracias a su mezcla de comedia, de “...