Cuando en 1964 inició su relación personal y profesional con Yoshishige Yoshida , Mariko Okada era una actriz de renombre que había destacado en películas de Hiroshi Inagaki , Keisuke Kinoshita , Mikio Naruse y Yasujiro Ozu , entre otros maestros de la vieja escuela. Por su parte, Yoshida era uno de los jóvenes directores que buscaban independencia artística lejos de los grandes estudios. Dos años después de iniciar su relación, fundaron su propia productora y desde aquel momento ella se convirtió en la figura femenina que descubrimos en los reflejos, espejos y miradas cinematográficas propuestas por Yoshida : la del propio cineasta, la del público que observa y la de Okada , la mujer que se distancia del tradicionalismo japonés en busca de su lugar en la modernidad, mujeres como Miyako en La mujer del lago ( Onna no mizûmi , 1966), figuras femeninas que se liberan y miran de tú a tú a la masculinidad mientras avanzan hacia existencias posibles o no posible...