La inevitable atracción de la roca Por Antonio Pardines La desventura de Michael (Nicolas Cage) en Red Rock, una pequeña población de unos mil quinientos habitantes en el estado de Wyoming, gira alrededor de las coincidencias que le zarandean para el disfrute del público que acudió a las salas para dejarse llevar por las penurias de un don nadie atrapado entre el estar sin blanca y la codicia que la fortuna pone en su camino. Aparece en forma de una mujer fatal (Lara Flynn Boyle), de un marido no menos capullo (J. T. Walsh), que resulta ser el barman, la parte contratante de un homicidio y el sheriff local, y un asesino profesional (Dennis Hopper) que, como Michael, procede de Texas, el estado de la Estrella Solitaria. Quizás, debido a esa soledad compartida le insista que beba con él después de estar a punto de atropellarlo mientras Michael huye en la nocturnidad de una carretera solitaria en la que el héroe —pues lo de anti solo es otra apariencia más— acaba bajo el automóvil de quie...