La versión más conocida sobre la vida de Emiliano Zapata, y pienso que también la mejor, es la dirigida por Elia Kazan y protagonizada por Marlon Brando. En ella, el popular actor da vida al líder agrarista, pero su imagen en ¡Viva Zapata! (1952), la que le confiere al revolucionario, está más cerca de la leyenda, del mito y del ideal, que de la descarnada, sucia y sangrienta realidad que implica cualquier revolución armada. Si bien se toman aspectos de la historia y de la biografía del personaje, Kazan aleja su film del realismo para crear un retrato emocional del héroe a la fuerza. En la historia de Zapata expuesta por Felipe Cazals en su Emiliano Zapata (1970) también hay un héroe a la fuerza, pero, al contrario que el Brando, el personaje de Antonio Aguilar no establece simpatías con el público, probablemente porque el propio revolucionario se ve forzada a serlo y tampoco simpatice con el peso que carga, ni con los actos que se ve obligado a llevar a cabo. No lo hace por elección...