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Mostrando las entradas etiquetadas como jean-luc godard

Los carabineros (1963)

La guerra de Godard Por Antonio Pardines   A Susan Sontag le gustaba mucho Jean-Luc Godard, incluso tanto como para situarlo en la cima del cine. Ella misma intentó emularlo cuando coqueteó con la dirección de películas. En 1968, escribió un ensayo en el que decía que <<en los últimos años la obra de Godard ha sido discutida con más vehemencia que la de cualquier otro cineasta contemporáneo. Aunque existen suficientes razones para catalogarlo como el mejor director, aparte de Bresson, que trabaja activamente en la cinematografía actual, todavía es común que las personas inteligentes se sientan irritadas y frustradas por sus películas, incluso hasta el punto de encontrarlas insoportables.>> (1) Sé de la importancia que se le da a Jean-Luc Godard en el cine, que muchos lo idolatran, otros lo admiran, tal como hacía Sontag,  y tantos ya lo desconocen . ¿O la escritora lo idolatraba?, como parece indicar que lo catalogue como el mejor director en una época en la que lo...

Nouvelle vague (2025)

El arte de reducir lo heterogéneo a un solo personaje Por Antonio Pardines La mistificación y la mitificación están a la orden del día, siempre lo han estado, de ahí que pervivan la idea de Buda o de Cristo, de Platón o de Kennedy, así que es comprensible que en su hagiografía irónica sobre el Jean-Luc Godard de Al final de la escapada (1959), Richard Linklater reduzca un montón de aspectos y personas al cliché, al tópico, a la nostalgia de un tiempo febril y a la imagen mítica que se tiene de un grupo que se dio en llamar «nueva ola», como otras olas que surgieron en el cine europeo contemporáneo, pero con una publicidad mayor y más efectiva… En su película Nouvelle vague (2025), Richard Linklater recrea una escena en la que el personaje de Jean-Luc Godard presume con evidente pedantería: «Paul Gauguin dijo “el arte es plagio o revolución”». Obviando que deja fuera a una parte vital del arte, quien lo interpreta como tal; incluso obra de un error o de un grito de desesperación. En r...

Alphaville (1965)

En la pantalla asoman Eddie Constantine, Howard Vernon y cine de género, lo que podría generar la duda de si estoy viendo una película del primer Jesús Franco , el de la década de 1960, pero los créditos y la presencia de Ana Karina decantan la balanza y señalan que el tipo que anda detrás de las cámaras es Jean-Luc Godard, más aún tras adentrarse en las imágenes y en el espacio al que Lemmy accede para cumplir una misión: la de ser una presencia que permita a Godard parodiar la ciencia-ficción y hablar de alienación, de manipulación y adoctrinamiento. Cual Louis Ferdinand Céline pensando título para uno de sus libros más famosos, Lemmy dice: <<Yo viajo al fin de la noche>>. Pero ni él ni Godard son el escritor francés, ni tampoco Paul Éluard, William Shakespeare ni el tío Jess Franco . Ellos son dos personajes de cine: el primero, ficticio; y el segundo, el real inventándose a sí mismo. Al menos, uno hecho a la imagen pretendía por el director franco-suizo, a contracorrie...

El soldadito (1960)

A diferencia del neorrealismo y del cine político italiano posterior —el practicado con mayor o menor asiduidad por Francesco Rosi , Gillo Pontecorvo , Giuliano Montaldo , Elio Petri , Marco Bellocchio o mismamente Pier Paolo Pasolini —, del nuevo cine polaco, de Andrzej  Wajda al primer Krzysztof  Kieslowski , pasando por Jerzy  Kawalerowicz y Krzysztof  Zanussi , o de sus contemporáneos británicos del free cinema —aunque estos no ponían en duda el sistema, solo apuntaban de modo conservador cierto desencanto social—, la nouvelle vague no abordó (o no solía hacerlo) en sus películas problemas políticos ni sociales de su tiempo, como pudo ser la descolonización argelina, la inestabilidad de la zona, los abusos, la insurrección, la respuesta reaccionaria, el terrorismo, el conflicto bélico, eufemísticamente llamado pacificación, y fin del imperio. Quizá esta falta de interés contemporáneo se debiese a que no contaron con escritores del talante combativo d...

El desprecio (1963)

En la novela El desprecio  ( Il disprezzo , 1954), el protagonista escribe sobre su matrimonio, habla de sus sospechas de que su mujer ya no le ama, de la confirmación de esa nueva realidad en la que sale a relucir el desprecio que ella afirma sentir hacia él, pero también comenta aspectos sobre su labor de guionista, que define de tal manera que acaba comparándolo con la finalidad perseguida por el mercenario. Más o menos, Alberto Moravia viene a decir por boca de su personaje, que un guionista no se expresa en las películas que interviene, siendo el director quien se expresa a partir el libreto escrito. Por lo tanto, para quien idea, esa pérdida de identidad artística resulta insatisfactoria, cuando no humillante, aunque continúa escribiendo películas por dinero. Guionista durante los primeros años de la década de 1940, Moravia  introdujo en  El desprecio  parte de sus sensaciones sobre su relación con el medio cinematográfico, aunque esto no deja de ser un tema s...

El libro de imágenes (2018)

Ver una película podría compararse con leer un libro. Hay quien ve las imágenes y escucha el sonido como quien lee líneas y no siente la necesidad de ir más allá de la historia aparente —no en todos los libros y películas existe un algo más que lo expuesto—, aunque también hay quien profundiza y trata de comprender cuáles son los temas propuestos, que no las tramas evidentes para cualquiera, y llegar a conclusiones que no siempre tienen que coincidir con las de los autores. Ambas opciones son igual de válidas, aunque quizá incompatibles para quien elige una u otra. Quien escoge la primera, la asume como única, y quien se decanta por la segunda, hace lo propio. En este último caso, se prioriza la reflexión acerca de la idea o ideas contenidas en las imágenes y en las palabras, ideas que nos llegan de forma directa o indirecta, mediante omisiones o zonas reservadas para la subjetividad de quien está dispuesto a cuestionarlas. No sé en qué momento pasé de ser lector de la primera o...

Las películas de mi vida (2016)

Documento y ejercicio nostálgico sobre el cine francés sonoro, sobre aquellas películas y protagonistas que llamaron su atención, Las películas de mi vida ( Voyage à travers le cinéma français , 2016) nos propone un recorrido cinematográfico desde la mirada de un enamorado del cine, de un creador de grandes películas y de un cinéfilo al tiempo entusiasta y reflexivo. Los tres son uno y ese uno es Bertrand Tavernier , que a lo largo de ciento noventa minutos nos invita a acompañarlo en su viaje por sus recuerdos cinematográficos. Para quien esté familiarizado con el realismo poético, con el cine francés de posguerra, con el polar y con la nouvelle vague no le sorprenderán los nombres de los directores, actrices, actores, compositores, guionistas o directores artísticos aludidos por el cineasta nacido en Lyon, pero sí les posibilitará recuperar instantes de títulos imprescindibles y detenerse en aspectos que quizá hayan pasado por alto o quizá no. Para quien ignore los grandes films q...

Banda aparte (1964)

Para lo bueno y para lo malo, Godard es Godard . Dicho así, esta afirmación parece una simpleza, pero no por ello deja de ser una de las realidades del cine de un cineasta que se erige en dios-creador de sus películas, consciente y consecuente con su necesidad-intención de realizar algo distinto a lo ya hecho. Pero esta intención creadora precipita su lado menos vistoso, aquel que nos recuerda constantemente que su cine es primero para él, después para él y por último para el resto de los mortales, un cine que nos remite a la búsqueda de su verdad cinematográfica, a su compromiso, el cual se agudizaría con el paso de los títulos (sobre todo a partir de 1968), y quizá a su convencimiento de ser indispensable en la evolución y supervivencia del cine. Las películas de  Jean-Luc Godard  son rupturistas incluso entre sí, y esto provoca que algunas resulten forzadas en su radicalidad. No es el caso de Banda aparte ( Bande à part , 1964), una propuesta cinematográfica indispensa...

Al final de la escapada (1959)

Suele considerarse a  Claude Chabrol  y su película  El bello Sergio  ( Le beau Serge , 1958) como el arranque cinematográfico de la nueva ola francesa, pero hubo momentos anteriores,  Agnès Varda y La Pointe Courte (1954) o Éric Rohmer y sus cortometrajes, y otros posteriores que confirmaban que algo estaba cambiando en el cine francés; y no digo que para mejor, solo hacia un nuevo modo de entender las posibilidades narrativas y ombliguistas del cine.  François Truffaut  y  Los cuatrocientos golpes  ( Les 400 coups , 1959),  Alain Resnais  e  Hiroshima, mon amour  (1959) y  Jean-Luc Godard  en  Al final de la escapada  ( Â bout de souffle , 1959) son los cineastas y títulos reconocidos como los primeros pasos hacia el nuevo rumbo en el cine francés de finales de la década de 1950. Los tres, y el resto de sus colegas, se alejaron del cine narrativo convencional, pero de todos, quizá el que más q...