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Mostrando las entradas etiquetadas como sophia loren

El hombre de La Mancha (1972)

La simplificación que suele practicarse cuando se traslada un texto a guion cinematográfico o a libreto teatral puede borrar cuanto haya de complejo y honesto en la obra literaria, más si cabe si el libro que inspira es uno tan desbordante como El Quijote , una novela difícil de abarcar, puesto que no solo es eso; es un mirar, un sentir, un caminar, con lo que esto supone. Entonces, ¿qué nos encontramos más allá de la apariencia lograda por Arthur Hiller y su guionista Dale Wasserman? ¿Una caricatura musicalizada de una caricatura universal? ¿La doble capa que asoma en la pantalla, las que Cervantes no precisa señalar porque ambas van con él y con sus personajes? ¿Y tras estas? ¿Nada? Salvo los nombres y algunas situaciones tan populares que todo el público reconoce, aunque gran parte no haya leído ni el primer volumen de las andanzas quijotescas, nada hay de Cervantes ni de Quijote en El hombre de La Mancha ( Man of La Mancha , 1972), un musical realizado y producido por Arthur Hil...

El oro de Nápoles (1954)

Una de las grandes parejas de cine no asoma en la pantalla, aunque uno de sus miembros luzca en ella su faceta actoral. Su relación se afianza tras las cámaras, donde se gestan las historias y las suyas son grandes en su complicidad y su humanismo. Calan hondo, resultan entrañables y humanas, pues su principal interés se centra en el ser humano, sin héroes ni villanos, ya sean dolosas como Ladrón de bicicletas ( Ladri di biciclette , 1948), fantasiosas y divertidas como Milagro en Milán ( Miracolo a Milano , 1951), tristes como Umberto D. (1952), o satíricas como El especulador ( Il boom , 1963). No nombraré más títulos, salvo uno, el que ahora corresponde, porque son muchas sus grandes aportaciones al cine y, con las citadas, me queda claro, no sé si a ustedes, que la pareja es Vittorio De Sica y Cesare Zavattini , dos imprescindibles de la historia cinematográfica, quienes, junto a Giuseppe Marotta, que también participó en el guion de El oro de Nápoles ( L’oro di Napoli , 1954...

La ladrona, su padre y el taxista (1954)

Hay encuentros que marcan o cambian las vidas de sus protagonistas. Eso le sucede a Paolo ( Marcello Mastroianni ), el taxista, cuando conoce a Lina ( Sofia Loren ), la picara, y al padre de esta: Vittorio ( Vittorio De Sica ). Estos dos personajes traerán de cabeza al joven conductor y se convertirán en imprescindibles para él, ya sea para sus protestas o para enamorarse. Entre ellos, se crea un lazo cómico e incluso amoroso, y tan irreal como que viven una situación de cine basada en la historia de Alberto Moravia titulada El fanático . Pero si los encuentros cinematográficos se suceden ante los ojos del público para que se desarrolle la acción, en la realidad se producen sin que apenas llamen la atención de los curiosos, salvo que se trate de un encuentro tan lucido y chispeante como el que se da cuando Alessandro Blasetti reúne a De Sica , Loren y Mastroianni en La ladrona, su padre y el taxista (Peccato che sia una canaglia, 1954). Aunque no todos fructifiquen o vayan más allá ...

Ana (1951)

La protagonista que da nombre a este melodrama filmado por Alberto Lattuada y producido por Dino de Laurentiis y Carlo Ponti, Anna (Silvana Mangano), viste los hábitos al inicio del metraje para escapar del mundo exterior que le persigue y la encuentra cuando Andrea (Raf Vallone) sufre un accidente y es ingresado en el hospital donde ella ejerce de enfermera. Entonces, sor Ana recuerda ese pasado que Lattuada muestra en una analepsis durante la cual la religiosa era cantante en un club nocturno. Quizá Ana (Anna, 1951) ya no se recuerde, a pesar de un reparto que reúne a Silvana Mangano, Raf Vallone, Sophia Loren (todavía Sofia Scicolone o Sofia Lazzaro), en un pequeño papel sin acreditar, al inicio de su espectacular carrera cinematográfica  —<<incluso llegué a pronunciar un par de frases>> (1) escribiría la gran estrella italiana en sus memorias—, y Vittorio Gassman , por entonces gran actor teatral y harto de ser encasillado en el cine en el papel de canalla chulesc...

El Cid (1961)

Su viajero espacial en El planeta de los simios (Planet of the Apes, Franklin J. Schaffner, 1968) es, quizás, su personaje más icónico de la década de 1960, pero los que se asocian de inmediato a Charlton Heston son del decenio anterior, aquel en el que alcanzó el estatus de estrella de celuloide. Su Moisés en Los Diez Mandamientos (The Ten Commandments, Cecil B. DeMille, 1956) y su Judá Ben-Hur en Ben-Hur (William Wyler, 1959) fueron fundamentales y tienen en común su origen hebreo y su paso de la opulencia al destierro, al éxodo y a galeras, respectivamente, y de ahí a su liberación y triunfo. En ambos casos son héroes épicos, sin apenas matices, como lo es su Rodrigo Díaz de Vivar en El Cid (1961), que también tuvo que sufrir el exilio, aunque el suyo se resuelve con una elipsis, una barba y su regreso a la batalla. Había sido desterrado por orden de Alfonso VI, hijo de Fernando, padre de Urraca, no confundir con su tía la de Zamora, que es el personaje que interpreta Genevieve ...

El puente de Casandra (1976)

Previo a su transformación en thriller de acción y cine de catástrofes, El puente de Casandra ( The Cassandra Crossing , 1976) desciende en un plano secuencia desde la suavidad de un cielo sin apenas nubes hasta el vuelo de pájaro sobre Ginebra, recorriendo el paisaje fluvial sobre el cual se impresionan los créditos en los que asoman los nombres estelares reunidos por el productor italiano Carlo Ponti para esta producción dirigida por George Pan Cosmatos , cineasta greco-italiano que ya había trabajado con Ponti en Muerte en Roma ( Reppresaglia , 1973). El vuelo de la cámara continúa hasta alcanzar el edificio de la Organización Internacional de Salud, donde se detiene y donde la calma inicial desaparece. En el interior, ya no hay lugar para la suavidad del paisaje. Se está produciendo un tiroteo entre los vigilantes y tres asaltantes, miembros del “movimiento sueco por la paz”. El pacifismo defendido por el trío es incongruente con la violencia que emplean para lograr sus fines, ...

La condesa de Hong Kong (1966)

<<Una sonrisa, quizá una lágrima>> promete Charles Chaplin  previo a la primera imagen de  El chico ( The Kid , 1921). La promesa introduce su combinación de risa y llanto, su interpretación de la vida, introduce a su vagabundo, en quien aúna comedia y drama. Esta es la constante de su filmografía y, sin embargo, en La condensa de Hong Kong ( A Countess from Hong Kong , 1966) no se cumple, al menos a simple vista.  Chaplin no reniega de ver la vida como una tragicomedia, solo que el impacto desaparece entre el romance y el enredo de situaciones que suavizan la realidad de la que Natacha ( Sophia Loren ), la protagonista femenina, intenta escapar. Para conseguirlo, se oculta en el armario del multimillonario Odgen Mears, personaje interpretado por  Marlon Brando , solo en presencia, puesto que el mejor Brando brilla por su ausencia. No pongo en duda...

Ayer, hoy y mañana (1963)

Debido a su ubicación geográfica, <<Nápoles, Milán y Roma>> es uno de los dos títulos alternativos que Santiago Aguilar y Felipe Cabrerizo proponen para  Ayer, hoy y mañana  ( Ieri, Oggi,Domani , 1963) en su amena y completa monografía sobre  Vittorio De Sica 1 . El otro, quizás menos obvio, <<Pobres, ricos y burgueses>>, remite a la perspectiva socioeconómica de los personajes; y tampoco habría desentonado, el más evidente si cabe, "Adelina, Anna y Mara", en clara alusión a las mujeres que protagonizan los tres episodios. Aunque pueda imaginar cualquiera de estos títulos para nombrar el film de  De Sica , no quiero hacer lo propio con otra pareja protagonista, pues, en definitiva, las presencias de  Sophia Loren  y  Marcello Mastroianni  son parte indispensable del atractivo visible de la película. A la actriz y al actor los unió por primera vez en la pantalla  Alessandro Blasetti , en la comedia...

La caída del Imperio Romano (1964)

Hacia finales del siglo II de nuestra era, el Imperio Romano se extendía desde la costa atlántica de Hispania hasta el Mediterráneo oriental, desde el sur de Europa hasta la fronteras naturales del Danubio y del Rin, por el norte de África y parte de Asia, donde limitaba con los persas. Dieciocho siglos después, otro imperio, que en realidad no lo era, pues solo era un estudio cinematográfico, ocupaba una zona de las Rozas (Madrid) donde el emperador-productor  Samuel Broston  se instaló con el dinero cedido por las industrias DuPont para extender su actividad desde El capitán Jones ( John Paul Jones ; John Farrow , 1959) hasta Pampa salvaje ( Savage Pampa ;  Hugo Fregonese , 1966). Durante su apogeo, Broston produjo El Cid ( The Cid ; Anthony Mann , 1961), 55 días en Pekín ( 55 Days at Pekin ; Nicholas Ray , 1963) o La caída del Imperio Romano ( The Fall of the Roman Empire ; Anthony Mann , 1964), compitiendo de tú a tú con las grandes superproducciones hollywoodie...

Matrimonio a la italiana (1964)

Escrita por Eduardo De Filippo  en 1946, la comedia dramática  Filumena Marturano  obtuvo un éxito colosal en toda Italia, tanto que, en 1950,  Luis Mottura la trasladó a la gran pantalla en la producción argentina Filomena Marturano y un año después lo hizo  De Filippo  en su film homónimo. Trece años más tarde  Vittorio De Sica  realizó su propia versión, la más famosa de cuantas se han rodado hasta la fecha, que  dedicó a la memoria de  Titina De Filippo , fallecida mientras se estaba filmando esta adaptación de la obra  que ella misma había inmortalizado sobre las tablas (y en el film dirigido por su hermano), pero, más allá del cariño y del reconocimiento del público italiano a la interpretación de Titina , fueron la Filumena de  Sophia Loren  y el Domenico Soriano de  Marcello Mastroianni  los que traspasaron las fronteras trasalpinas para hacerse un hueco en la historia del cine. Loren y Mastroia...

Sophia Loren. Una actriz terrenal

Mucho antes de que en 1952, durante la preproducción de África bajo el mar  ( Giovanni Roccardi , 1953), el productor  Godoffredo Lombardo  le cambiase su nombre original por el de Sophia Loren , Sofia Scicolone era una niña de extrema delgadez que vivía en la casa de su familia materna en Pozzuoli (Nápoles). Allí transcurrió su infancia, criada por su madre y por sus abuelos, y allí también saboreó la amargura, el hambre y el miedo que llegaron con la Segunda Guerra Mundial. La lucha trajo miserias, represalias, terror y las bombas que asolaban la región napolitana durante los días de fascismo y ocupación alemana. Pero, para quienes la sobrevivieron, la guerra tocó a su fin y la vida despertaba a un nuevo e incierto amanecer. Por aquel entonces, la niña de extrema delgadez empezaba a transformarse en una adolescente y los cambios físicos en sus facciones y en su figura dieron paso a la mujer de belleza diferente, marcada por la angulosidad de sus facciones, por e...