Cuando rodó Una noche de misterio (One Exciting Night, 1922), David Wark Griffith todavía continuaba siendo uno de los grandes de Hollywood y nada apuntaba el olvido en el que caería prácticamente al tiempo que lo haría Erich von Stroheim , quien, sin duda, fue uno de los mayores artistas del Hollywood silente y una de las figuras más personales y extravagantes de aquella industria cinematográfica que cambiaria durante el rodaje de Los amores de un príncipe ( El carrusel de la vida ) (Merry-Go-Round, 1923), cuando Irving Thalberg lo despidió y puso en su lugar a Rupert Julian. Más adelante se producirían nuevos cambios: el fin de la era de los estudios u otros consecuencia de las nuevas tecnologías que posibilitaron el sonido, el technicolor , los autocines, la máquina de palomitas, la pantalla ancha, el formato doméstico, la imagen tridimensional, el sonido envolvente, el día del espectador, el de la marmota y el de la bestia… y lo que se quiera y se pueda desarrollar y trans...