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Mostrando las entradas etiquetadas como chantal akerman

Goldie Eighties (1986)

No hay género que me resulte más irreal y fantasioso que el musical, también es el más artificioso y falso, aunque, bien llevado, permite mayores libertades expresivas y creativas que otros, como demostraron Vincente Minnelli y Stanley Donen, incluso Alain Resnais en On connaît la chanson (1997) o Jacques Demy en Los paraguas de Cherburgo ( Les parapluies de Cherbourg , 1964); pero, si quien lo intenta se despista o no sabe adónde se dirige o cómo llegar, resulta el más aburrido, arrítmico y pesado de los géneros, tal vez a la par del peor melodrama lacrimógeno y soporífero. En realidad, lo habitual es que consiga esto último, sin lágrimas, aunque no persiga serlo, y que la película de turno cobre su forma en una sucesión de situaciones ridículas entre las que van dejándose escuchar y ver las canciones y coreografías que, en su mayoría, rompen el ritmo y suenan repetitivas. Aunque nos digamos libremente creativos, nuestra creatividad encuentra sus límites entre aquello que ya existe ...

Los encuentros de Anna (1978)

Veo en Chantal Akerman a una cineasta con personalidad cinematográfica arriesgada e inconformista, una cineasta obsesiva, insistente, avasalladora. Quiere que se le escuche, como mujer artista en una profesión en la que el porcentaje de hombres es muy superior. Por otra parte dudo que cuente con el público, es decir, no pretende ser mayoritaria, pretende ser ella y no se lo quiere poner fácil al resto; más bien lo contrario, les exige, como no puede ser de otro modo, pues, ante todo, así se lo dicta su condición de creadora con una idea, con un mensaje o discurso, con una obsesión, tal vez la de hacernos pensar y ver como ella, pero también con ganas de transcender en busca de formas que la apartan de lo común. En su cine, que personalmente no me atrae lo más mínimo, nos quiere hacer mirones de cotidianidades humanas, sobre todo femeninas, pero sin la sensibilidad de un Ozu , que logra para el suyo descubrir belleza allí donde a priori predomina el “barro”. La mirada del japonés es más...

Yo, tú, él, ella (1974)

  En cine, dudo que haya habido mejor exhibicionista y mirón que Alfred Hitchcock, que era capaz de atrapar al público en la intimidad de personajes también atrapados en excepcionalidades que les liberan de la tediosa y represiva prisión de rutina que apunta en la pantalla o la insinúa, que todavía funciona mejor, pero de las que los saca para divertirse y divertirnos, aunque su idea de diversión sea la de hacer sufrir a sus héroes y heroínas y jugar con nosotros, y así llevarlos y llevarnos al límite. Para Hitchcock, todos somos mirones que niegan serlo, pero que se sientan en la sala, miran la pantalla, cual ventana indiscreta al mundo de otros, y observan vidas ajenas porque las suyas son más aburridas o les falta algo. ¿Quién no ha querido ser el heroico e inexistente George Kaplan o uno de los pájaros que se rebelan sin necesidad de un por qué ni un para qué? En ambos casos, ¿no se liberan?… Una prisión similar, pero más forzadamente pretenciosa, pedante y aburrida, que asume ...

Jeanne Dielman, 28 quai du Commerce, 1080 Bruxelles (1975)

Visto desde la perspectiva de los hábitos diarios, laborales y ociosos, la vida es una rutina de la que solo se puede salir en la brevedad de la novedad, la cual, no tarda en dejar de ser novedosa para ser costumbre que vuelve a ser rutina. Los días son distintos pero repiten su patrón, lo que me lleva a plantearme si sería posible vivir en la perpetua novedad sin caer en la rutina de la novedad. La rutina es cansina, adormece, obliga a dormirse, nos dormimos en ella. A veces porque nos sedan, otras por sedación propia, para protegernos de ella y de nosotros mismos, ya que genera una falsa sensación de seguridad. Todo parece en su sitio, el orden de las cosas se mantiene inalterable, o eso parece, pero siempre acaba por generar cierta sensación de malestar que se acalla, una pesadez en el alma que amenaza con su aburrimiento y con interrogantes sin respuestas o con las que se le quieran dar; que para el caso sería lo mismo. ¿La vida es esto? ¿Para esto nací? ¿Qué es lo que quiero? ¿Qué...

Hubiera sido mejor no conocerla

<<En Cannes, al finalizar la proyección, la primera persona que se marchó fue Marguerite Duras. Enseguida rechazó la película. Dijo que ella no hubiera filmado el asesinato, que hubiera hecho una “crónica”. “No ha entendido nada”, pensé yo. Dijo que “esa mujer está loca”, por lo que pienso que relacionaría el personaje con su propio mundo. Yo estaba muy enfadada. Para mí, esa mujer era como todas las mujeres que había conocido de pequeña. ¿Estaban locas, o más bien ser trataba de buscar una forma de luchar contra la locura, contra la ansiedad? Marguerite construyó algo en torno a sí misma que iba repitiendo y alardeando por ahí sin parar. A veces se crea una competencia con Agnès [Varda], pero Agnès es capaz de ofrecer momentos de gran generosidad hacia las mujeres, mientras que Marguerite solo podría ser generosa con los hombres; los quería con locura. Hubiera sido mejor no conocerla. Pasamos tres meses juntas, porque   Jeanne Dielman e Indian Song se estrenaron al mismo t...