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Mostrando las entradas etiquetadas como richard donner

Los fantasmas atacan al jefe (1988)

El llamado espíritu navideño o lo de las buenas intenciones navideñas, el olvidarlas a la mañana siguiente o decidir caminar hacia ellas, no es para el señor Scrooge con cara de Bill Murray , que, como los interpretados por Reginald Owen , Alastair Sim , Albert Finney , George C. Scott o Michael Caine , prefiere que le dejen tranquilo, que no le incordien con problemas ajenos ni invadan su espacio vital, que para él es la emisora de televisión que dirige, ni le hagan perder el tiempo. Este Scrooge llamado Frank Cross es un tipo listo que “comprende” que todos buscan algo, que la solidaridad no existe y que la generosidad no es recíproca; quizá por ello decida ser un capullo integral o quizá lo sea de nacimiento, aunque la aparición del fantasma del pasado nos hace comprender que no se trata de una cuestión genética. Scrooge es un hombre triste, superado por su aislamiento y el encierro que implica y del que todavía no es consciente, al creerse un triunfador. Pero lo será. Su viaje hac...

Superman (1978)

El cine de superhéroes tuvo un punto de inflexión de gran importancia con el estreno de  Superman , hasta entonces las hazañas de individuos con superpoderes estaban destinadas al formato televisivo o a producciones de  serie B , sin embargo a raíz de la buena aceptación del film de  Richard Donner  esa circunstancia cambió. El personaje de Clark Kent creado por  Joe Shuster  y  Jerry Siegel  en 1932 y publicado por primera vez en 1938, tuvo su primera serie radiofónica en 1940, del mismo modo que tuvo su espacio televisivo desde 1952 hasta 1958, incluso se realizaron varios cortometrajes animados y una miniserie en 1948, sin embargo no fue hasta que, en 1978, la  Warner Bros.  asumió la costosa producción de cuarenta millones de dolares cuando el personaje se confirmó plenamente como un héroe de celuloide. Para llevar a buen puerto la costosa inversión se contrató a  Mario Puzo , autor de  El padrino , para que escribiese una ...

Arma letal (1987)

El cine de acción policial de la década de los ochenta podría pasar por un derivado que ruidoso del policíaco del decenio anterior, ya que en estas producciones de acción no se descubre la crudeza o el pesimismo, no exento de crítica social, que predomina en films como  The French Connection   ( William Friedkin , 1971),  La noche se mueve  ( Night Moves , Arthur Penn , 1975) o  Tarde de perros   ( Dog Day Afternon , Sidney Lumet , 1975). En  Arma letal ( Lethal Weapon , 1987) prevalecen las explosiones, las persecuciones, los tiroteos o los chistes más o menos fáciles, tan de moda entre los héroes de los ochenta, entre quienes destacan con luz propia el solitario John MacLane de  Jungla de cristal  ( Die Hard , John McTiernan , 1988) o la pareja de agentes de este demoledor éxito de taquilla dirigido por  Richard Donner , un film que encuentra su referente más cercano en  Límite: 48 horas ( 48 Hrs. , Walter Hill , 1982), pel...

Lady Halcón (1985)

Como el día y la noche, el halcón y el lobo se acarician cada ocaso y cada amanecer, pero no pueden permanecer juntos. En ausencia, queda su recuerdo y su deseo se colorea brevemente de rojo y malva, de tonos anaranjados y ocres, de poesía colorista y luminosa que, captada por un iluminador virtuoso como Vittorio Storaro, se enciende o se apaga en claroscuros, según el despertar o el dormir que los separa. Como esas partes temporales de un solo tiempo, viven añorándose, viven en la fantasía de que, como día y noche, son amantes condenados a no poder amarse en plenitud en la luminosidad y la sombra. El joven pícaro es testigo del padecimiento de los enamorados, del sufrimiento que nace de no poder unir sus dos cuerpos, salvo en la memoria, condenados por un maleficio que no podrá deshacerse hasta el final del tiempo. Vidas errantes y condenadas que encuentran su consuelo en el recuerdo del roce de sus cuerpos, y su esperanza en la locura de un viejo monje que insiste que solo volverán a...

Los Goonies (1985)

Aquella tarde de verano de 1985, con once años recién cumplidos, no estaba en la costa ni en los espacios urbanos habituales de juegos, de travesuras, de pedaleos kamikazes ni de luchas entre barrios vecinos. Me encontraba sentado, tal vez tranquilo o ansioso, en el cine Capitol de Santiago de Compostela, hoy reconvertido en sala de conciertos, donde no era consciente de que estaba ante el canto de cisne de una época en el cine infantil y juvenil. En aquel instante, junto a un grupo de amigos de la infancia y en aquella sala oscura que se iluminó e ilusionó con la proyección que se iniciaba con una fuga carcelaria y la posterior persecución por el pueblo donde viven los héroes y heroínas de la acción, solo me importaban tres cosas: silenciar al de las palomitas, pipas o lo que fuese que armase aquel incordio sonoro, disfrutar de la aventura que tenía ante mí y vivir una similar, aunque esto último lo supe después, cuando salimos a la calle y no paramos de fantasear hasta que llegó...