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Mostrando las entradas etiquetadas como intriga

Llamada para un muerto (1966)

Peones grises   Por Antonio Pardines Al igual que John le Carré, autor cuya novela adapta el guion de Paul Dehn para  Llamada para un muerto ( The Deadly Affair , 1966), Sidney Lumet siempre priorizó la psicología de los personajes y del espacio que habitan —la atmósfera que los envuelve y les afecta, reflejo externo de las emociones y de los sentimientos, de miedos y tensiones— por encima de la acción. Y en buena medida esto se debe a su interés por lo humano del sistema: los tribunales, la policía, la escuela, la familia o, en esta película, el ámbito del espionaje. Así me explico que sus películas mantengan la vigencia y la fuerza que tuvieron el día de su estreno, independientemente de que fuesen o no éxitos de taquilla. Llamada para un muerto  es un ejemplo claro de esa predilección, más si cabe si se realiza una comparación —ya sé que alguien podría decir que son odiosas— con cualquier título de la saga 007 de su época, que son películas más pop, coloristas y alegre...

Cuando cae el otoño (2024)

La caída de la hoja Por Antonio Pardines Cuando Michelle (Hélène Vincent) le da las setas a su hija Valérie (Ludivine Sagnier), me viene a la mente la idea de que don Anselmo, el superhéroe motorizado de El cochecito (Marco Ferreri, 1960), envenena a su familia para poder acariciar la felicidad y libertad que se le negaba. Lo hizo para romper su aislamiento, para poder sentir que aún estaba vivo en un entorno familiar, social y político de muertos vivientes. Pero su momento eran los primeros años de la década de 1960, cuando el núcleo familiar era distinto al que domina en la actualidad, que incluso puede ser unidad, como la que forma Michelle consigo misma en su pueblo cerca de Auxerre. Allí, de vez en cuando, recibe la visita de su hija y de su nieto (Garlan Erlos). Con la primera apenas tiene más relación que escuchar su desprecio y pedirle dinero; y con el segundo, la que la libera de una soledad mayor, una que no es aislamiento absoluto gracias a su amistad con Marie-Claude (Josi...

El sendero de la traición (1988)

Ismos prematrimoniales Por Antonio Pardines Una de las características del cine de Costa-Gavras es el adentrarse en espacios y en situaciones que desvelan el abuso ya sea de un Estado o de un grupo de poder. Y sus películas suelen funcionar como manifiestos cinematográficos que no temen señalar desmanes y crímenes, sobre todo aquellas en las que contó en el guion con la colaboración de Jorge Semprún y de Franco Solinas, dos escritores igual de comprometidos y con quienes trabajó durante su primera época. Ya considerado uno de los grandes del «cine político», gracias a Z (1969), La confesión ( L’aveu , 1970) y Estado de sitio ( État de siège , 1972), su popularidad se disparó tras el éxito de la espléndida crónica realizada sobre el golpe de estado de los militares chilenos en 1973 y la posterior represión en Desaparecido ( Missing , 1982), cuyo guion corrió a cargo de Donald E. Stewart, que adaptaba el libro homónimo de Thomas Hauser. Más adelante, cuando regresó al cine de habla i...

El ojo de la aguja (1981)

Aislados en la tormenta Por Antonio Pardines La literatura de consumo, aquella que aspira a entretener, por lo tanto a no exigir intelectual y emocionalmente al lector más allá de la superficie, y a convertirse en superventas suele resultar más fácil de llevar a la pantalla precisamente por su falta de pretensiones literarias y reflexivas. Dicha ausencia facilita al adaptador cinematográfico su labor, aunque también existe el riesgo de que el público le critique por alejarse del original sin detenerse a pensar que texto y filme son medios distintos que exigen diferentes soluciones. Pero cómo iba a dedicar un minuto o dos a reflexionar, cuando precisamente la falta de profundidad y de complejidad son claves para que el asunto —sea intriga, melodrama o drama— y las ventas funcionen. Se trata de que los ojos del lector devoren las líneas o se pasmen mirando la pantalla; todo cuanto sea sacarlo de esa situación sería algo así como una derrota para el autor del libro o de la película. El ca...

Topaz (1969)

El vicio de espiar (de Hitchcock) Por Antonio Pardines   Aunque generalmente no se nombre entre sus grandes obras, Topaz (1969) es un ejercicio narrativo cinematográfico de primer orden en el que Alfred Hitchcock, a partir del guion escrito por Samuel Taylor —basándose en la novela del hacedor de superventas Leon Uris— despliega su talento para llevar la situación a donde quiere. Tras más de cuatro décadas generando tensión, desplegando sus obsesiones sobre la pantalla y jugando con la ilusión-percepción del público, Hitchcock sabe qué se trae entre manos y cómo manejarlo. El mundo del espionaje no tiene secretos para él; y si los tiene, lo disimula. Su adaptación de Uris funciona sin las irregularidades de Cortina rasgada ( Torn Curtain , 1966), la otra película suya con la Guerra Fría como decorado principal. Sitúa ambas de lleno en el conflicto geopolítico que marcó la segunda parte del siglo XX, pero la ambientada en la Europa tras el «Telón de acero» es más popular entre el ...

Hindenburg (1975)

Cada comentario que realizo en el blog, solo es eso, un comentario personal a partir de un pensamiento, un libro o una película. Estas son las excusas para dejar fluir las ideas que puedan generarme. De eso trata “va de vagos” desde su origen en 2011, igual que trata de que sus posibles lectores vean las películas o lean los libros con sus propios ojos, sin que nadie les marque el camino, ni se lo allane. Por tanto, no es un espacio para hablar de la película en sí, ni nombrar repartos ni recomendar esto o aquello. Aunque suene categórico, nunca recomiendo, solo comento. Además, considero a los lectores que se detienen por aquí más que capaces de rebatirme y de aportar sus perspectivas, es decir, de enseñarme. Dicho esto, que supongo innecesario, intentaré centrarme, aunque solo es un decir, pues me dejo ir allí donde me lleven las ideas que van surgiendo… Si bien Hindenburg ( The Hindenburg , 1975) es una especulación sobre un posible atentado, que encaja con el cine de catástrofes d...

Memento (2000)

La memoria no es perfecta, ni falta que hace, es subjetiva y selectiva, fragmentaria, siempre incompleta, no devuelve el pasado, lo reconstruye en fragmentos. Pero, en cierto modo, sí lo es, pues su imperfección nace de la nuestra. Así que nos sienta perfectamente; nos redondea y nos ayuda a intuir lo que fuimos, a ser lo que somos y tal vez nos aventure lo que seremos. En todo caso, solo nos acordamos de lo que se sale de la norma y lo recordamos según quienes somos en el mismo momento en el que volvemos la vista atrás y descubrimos que no podemos devolver su cuerpo al tiempo fantasma, solo podemos percibir algunas de sus formas entre la niebla que las envuelve y que nos separa de cualquier entonces. Memento , palabra latina que traducimos por el imperativo “recuerda”, puede referirse a la memoria, pero también a una recopilación de hechos, de búsquedas y de respuestas. Aunque memoria y recopilar pueden entenderse como una, puesto que nuestra memoria recopila imágenes del ayer, aunque...

Gorky Park (1983)

El panorama tampoco había cambiado demasiado con el ascenso al poder de Yuri Andrópov, en noviembre de 1982; al menos en apariencia, porque siempre sucede algo más allá de lo que vemos y de lo que nos dan a conocer. Es decir, el presente, el ahora que vivimos, empieza antes. De esa forma se van gestando las posibilidades , por ejemplo las que prometían las posteriores  glásnost y perestroika . Pero entonces, a comienzos de los ochenta, la rivalidad entre las dos superpotencias era un hecho y las  autoridades soviéticas se negaron a dar los permisos para que el rodaje de Gorky Park (1983) pudiese realizarse en Moscú —no sería hasta Danko, calor rojo ( Red Heat , Walter Hill , 1988) que un equipo hollywoodiense pudo entrar a rodar en la capital bañada por el Moscova—, que es el lugar donde se desarrolla la mayor parte de los hechos narrados en la novela de Martin Cruz Smith en la que se basa el guion de Dennis Potter. Uno de los motivos que se dieron fue que en la Unión Sovié...

El misterio von Bulow (1990)

Allá por los años ochenta y noventa del siglo pasado, resultaba una sorpresa descubrir elegancia, entretenimiento e ideas (más o menos) complejas en una misma película; ya que la mayoría aspiraban a entretener desde la repetición y en la superficie —lo cual tampoco era novedad en una industria que sobrevive de la repetición y de la producción en cadena—, sin intención de exigir un mínimo de esfuerzo a su público, que se lo agradecía masticando palomitas y sorbiendo refrescos con la ayuda de una pajita de plástico y luego, ya en los títulos de crédito finales, dejando los envases y los restos de maíces sobre el asiento que había ocupado y en el que no se paraba de mover, incluso dando saltos. El ruido era molesto, más que ensordecedor, y uno pensaba por qué los asientos no tenían cinturones de seguridad, para evitar que alguno saliese disparado, y en la entrada del local  no vendían algo menos crujiente, tal vez sopas o cremas, pues quizás el consumo de líquidos más densos o de sóli...

El secreto de sus ojos (2009)

De la escena del bar, donde el bueno de Pablo Sandoval (Guillermo Francella) le dice a Benjamín Espósito (Ricardo Darín) que es imposible cambiar de pasión —el personaje quizás se olvide de que igual que existe el apasionamiento también puede darse el “desapasionamiento” o que una vieja pasión deje de serlo y otras la sustituyan, pero reconocer esto jugaría en contra de la historia y de las pasiones y obsesiones a contar—, Juan José Campanella introduce un travelling aéreo que sobrevuela la ciudad hasta el estadio del Racing de Avellaneda. La cámara desciende sobre el terrero, a pocos metros de altura sobre los jugadores, para elevarse de nuevo y situarse a la de Espósito y el resto del público del fondo. ¿Por qué Campanella hace ese puente aéreo? ¿Se necesita para su historia? Por ejemplo, ¿para hacerla avanzar? ¿La enriquece? No, es un alarde técnico y estético que tal vez quede bonito, pero la trama en sí no sale ganando. La intriga funcionaría igual de bien o de mal si del bar se p...

No hay salida (1987)

En una de sus conversaciones con Henry Jaglom, Orson Welles comenta que <<cuando ves una película a la edad adecuada, la ves de otra manera; la valoras en su justa medida, la ves como realmente es>>. (1) Pero me pregunto cuándo es la edad adecuada, ¿antes o después? ¿Cómo saberlo? Pero tengo más preguntas, siempre me asaltan cuando más protegido de ellas me creo. Otra que me viene a la mente es cuánto tiempo puede permanecer bajo la cama el negativo de una Polaroid en una casa pulcra y en la que todo parece estar colocado en su sitio, incluso ese negativo, que permanece ahí abajo para que Scott Pritchard (Will Patton), un amigo, un admirador, un esclavo del secretario de Defensa David Brice (Gene Hackman), lo encuentre; sino, adiós suspense y a la carrera contrarreloj que se producirá lejos de esa habitación donde el mobiliario se ha preparado para que luzca en escena, tal vez porque a Roger Donaldson solo le preocupe el efecto y el ir preparando, abonando y sementando el ...