Aparte de los temas que trata, y que ya habían sido expuestos en la pantalla con anterioridad, (inmigración, neofaccismo, deshumanización, envejecimiento poblacional, peligro de extinción,…), el que llama mi atención se expone en una breve escena, cuando Theo (Clive Owen), el protagonista de Hijos de los hombres (Children of Men, Alfonso Cuarón, 2006), acude a su primo (Danny Huston), cargo importante en el gobierno británico, y descubre que este se desvive por salvar obras de arte en un mundo humano que se consume y camina hacia su extinción. Theo le dice algo así como que no sabe para que se preocupa, si en cien años nadie podrá disfrutar de esas piezas artísticas que Nigel ha rescatado. El mundo humano presentado en la película agoniza, vive su última generación, lo que supone que nadie quedará para ver el Guernica que luce en la sala donde almuerzan, ni los Velázquez que Nigel dice haber salvado durante la caída de Madrid. Nadie habrá para ser testigo y juez, ni depositario,...