La radio forma parte del decorado de algunas películas, incluso llega a ser un personaje más, como sucede en la espléndida Una jornada particular ( Una giornata particolare , Ettore Scola , 1977), pues, a través del aparato, se tiene acceso a los hechos históricos que se viven fuera del edificio donde solo permanecen los personajes de Sofía Loren y Marcello Mastroianni . El transistor es una ventana al mundo, a veces adulterada, otras menos, pero, en todo caso, permite un contacto con el exterior, con aquello que suena importante y afecta la cotidianidad del conjunto: en la película (y puede que también en la realidad), prácticamente toda Roma sale a la calle a “festejar” la visita de Hitler a Mussolini. Los sucesos que radia el locutor son Historia, mientras que la acción de la que somos testigos es una pequeña historia que, junto a tantas otras, sucede a la par de la que pasará a la memoria histórica, una memoria en la que solo tienen cabida los “grandes nombres”. Una radio su...