La película que vemos en la pantalla es la que es, obviamente, pero no la que pudo ser. También es obvio que cada proyecto tiene su historia y circunstancias, intereses e imprevistos que pueden deparar que sea de un modo u otro. En La ley ( La Legge , 1959) estas provocaron que fuese un film distinto al pretendido por Jules Dassin , que consideró el resultado malísimo. Su valoración puede encontrar parte de su explicación en comparar las expectativas y el resultado final, que no considero que sea malísimo, ni siquiera creo que la película sea mala; por supuesto, tampoco la sitúo entre lo mejor de Dassin , pero hay momentos en los que el film funciona. Son aquellos en los que el personaje de Yves Montand cobra protagonismo, sea en la taberna donde se juega a “la ley”, en el autobús en el que humilla a su hijo, o en la casa de don Cesare ( Pierre Brasseaur ), donde ya no se trata de un juego, sino del orden real que rige una comunidad en la que el “don” todavía es el jefe. Es su ...