Detenido en Francia por la policía alemana en 1940, Lluis Companys es entregado al régimen de Franco. En ese instante, su futuro queda sellado. Para alguien de su posición e importancia durante la Segunda República, presidente de la Generalitat de Cataluña, el castigo es la muerte. Para el nuevo régimen no se trata de hacer justicia, sino de venganza, de castigo, de eliminar personalidades incómodas del pasado; es decir, cualquier figura sindicalista, política y militar de importancia del anarcosindicalismo y del Frente Popular que caiga en sus manos ha de ser purgada, encarcelada o fusilada, según el estatus ocupado en el orden depuesto. En Companys (1978), Josep Maria Forn narra el exilio y el cautiverio del último presidente de la Generalitat en vida republicana. Lo hace insertando momentos del pasado anterior, pero sin prestar excesiva importancia a la relación que se establece en el presente entre el político y su abogado defensor, el capitán Ramón de Colubí, a quien Companys pro...