La historia no es fría, pero no puede traer las sensaciones calientes y vivas en el pasado al presente que la estudia, ni recuperar la atmósfera de los días pretéritos. Tampoco puede hacerlo el cine, ni la literatura, pero estas tienen “licencia poética” y ante ellas se abre la posibilidad de recrear y representar lo ya ocurrido (lo que está sucediendo o, ya entrando en terreno de la ciencia-ficción, lo que podría venir). Por lo general, una novela o una película “histórica” suele gustar y entretener más que la historia en sí, a la cual, sin darle la oportunidad de defenderse ante quienes, ignorando sus atractivos y el estar viviéndola en uno de sus instantes, la tildan de aburrida o la confunden con una mala lección escolar. Cualquiera de las tres, cine, historia, literatura, puede mirar el pasado, sin embargo, el periodismo, llamado el cuarto poder, por su capacidad de sacar a la luz verdades ocultas y de inventar allí donde no se encuentran o de enterrar hechos bajo otras realidades...