De guerra hasta las cejas Por Antonio Pardines La narración de Michael Herr que da forma a Despachos de guerra ( Dispatches , 1977) carece de cinismo. El reportero no pierde su compasión, ni la oculta, tampoco alardea de ella. Ni esconde el dolor ni la locura, tampoco la admiración hacia quienes se convierten en sus compañeros ni el sentimiento hacia los jóvenes soldados condenados a perder su inocencia, a convertirse en cadáveres, en heridos, en supervivientes, en víctimas y en asesinos, en viejos prematuros que viven a una distancia que el corresponsal comprende que nunca llegará a cruzar realmente. Esa necesidad de abrirse, de mirarse a sí mismo y al entorno, le permite no caer en el cinismo del corresponsal que presume estar de vuelta de todo, aquel que asume tener muchos «huevos». Pero Herr sabe que nadie lo está, salvo un enajenado, un muerto en vida o quien emplea dicha presunción como una máscara que le proteja o le permita alardear. Herr no lo hace, sabe que no hay nada ...