Polaca de nacimiento y “sin fronteras” de convicción, Rosa Luxemburgo (Zamosc, 1871-Berlín, 1919) abandonó Varsovia —en aquel momento perteneciente al Imperio Ruso— para no ser encarcelada por sus actividades políticas. Por entonces, tenía 18 años, suficientes para comprender las injusticias sociales, el antisemitismo, las masacres (progromos) que aumentaron a raíz de la muerte del zar Alejandro II (1881), de cuyo asesinato culparon a los judíos y precipitó la política antisemita de Alejandro III. Había visto suficiente odio, persecución, miseria y desigualdad como para convencerse de que su única oportunidad para hacer real su sueño de igualdad pasaba por emigrar y prepararse. Así que se trasladó a Suiza, donde, en la Universidad de Zúrich, inició su formación intelectual. En el país de los cantones pudo cursar Filosofía, Historia de la política y Economía. Allí profundizó en las teorías marxistas y creyó descubrir en ellas la clave para hacer realidad su sueño revolucionario. La revo...