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Mostrando las entradas etiquetadas como alberto sordi

El viudo (1959)

Dudo que hubiese mejor actor en la comedia italiana que Alberto Sordi para dar vida al italiano burgués del desarrollo de la segunda mitad del siglo XX; tal vez Ugo Tognazzi, puede que Marcello Mastroianni. Pero Sordi daba vida como nadie a la caricatura del nuevo italiano, el que se había adaptado a un presente de capitalismo feroz que quiso pasar por progreso;  ¿lo era? Más que nada fue un periodo de desarrollo económico, industrial y urbanístico, pero apenas supuso un progreso real para la sociedad en la que empezaba a despuntar la clase media urbana, representada a la perfección por Sordi y sus caricaturas de tipos egoístas, mezquinos, patéticos, superados en su mediocridad y controlados por un entorno voraz que le somete a esto o le empuja hacia aquello. En todo caso, el individuo medio no se había liberado. Por ejemplo el cine de Marco Ferreri insiste en ello, aunque las cadenas ya eran distintas a las de sus antepasados; mas no todas, puesto que Italia era un país católico a...

Detenido en espera de juicio (1971)

Salta a la vista que la principal influencia en el guion de Sergio Amidei y Emilio Sanna, escrito a partir de la idea de Rodolfo Sonego, es kafkiana. Lo es en su propuesta, en su esencia y en su desarrollo, pues Detenido en espera de juicio (Detenito in attesa di giudizio, Nanny Loy, 1971) capta el sinsentido y la indefensión que Kafka viste de surrealismo en su novela El proceso , inverosimilitud que realza la verdad que encierra, y los hace suyos para agudizar la insignificancia y la tragicomedia del individuo frente al sistema y dentro de él. En la primera página del libro, Josef K. es arrestado sin saber porqué. Le asaltan en su cama, sin los pantalones puestos, digamos algo así que lo pillan en su desnudez. Vulnerable, desprotegido y desorientado, nada sabe de su delito; así que primero piensa que puede tratarse de una broma. ¿Qué otra cosa podría pensar, si no de una burla o de un error? Se trata de un hombre corriente, empleado de banca, que se iría a dormir la noche anterior c...

Sembrando ilusiones (1972)

Pienso en los títulos que suman entre los cuatro protagonistas de Sembrando ilusiones (Lo scopone scientifico, 1972) y me hago una idea de su legado cinematográfico y su impronta en la historia del cine. Estos cuatro mitos de la gran pantalla, Alberto Sordi, Silvana Mangano, Joseph Cotten y Bette Davis, se enfrentan en el juego de cartas “la escoba”, inventado en Italia en el siglo XVI y exportado a otros lugares. Existen variantes y diferentes reglas, pero “la escoba” que aquí asoma y da título a esta película de Luigi Comencini, cuyo guion corrió a cargo de Rodolfo Sonego, es la “científica”. <<Un juego muy antiguo, creo, inteligentísimo, terrible, despiadado…>>, explica la millonaria (Davis) en una entrevista que emite la radio. Y no exagera, ese juego de naipes reúne y enfrenta a dos parejas que compiten, sufren y se dejan la piel por distintos motivos. La formada por Peppino (Sordi) y Antonia (Mangano), matrimonio con hijos, quiere salir de pobre; y la de George (Cott...

El juicio universal (1961)

La vena satírica de Cesare Zavattini , suyo es el argumento y el guion, y de Vittorio De Sica brilla sobre el Nápoles de El juicio universal ( Il giudizio universale , 1961). Se trata de una ciudad concreta, pero representa una cultura y una sociedad marcada secularmente por el catolicismo y por las diferencias socioeconómicas. Y aunque haya perdido religiosidad, no ha perdido su base religiosa. Es decir, que no basta que la sociedad se transforme en laica o elija serlo para que desaparezcan condicionantes morales y tradiciones que se heredan y perviven incluso en la forma de ser de las personas, sean o no creyentes; de ahí que los unos y los otros acaben por aceptar lo inevitable del asunto: que serán juzgados, y solo por este motivo existe culpabilidad, arrepentimiento y temor al castigo. Sin la amenaza del juicio o sin esa voz insistente, que primero es desoída y luego asusta, no habría culpa y todos los personajes del film seguirían como si nada, tal cual sucederá cuando la torme...

El gran atasco (1978)

Años antes de que las primeras carreteras asfaltadas diesen paso a las autovías, autopistas, peajes, embotellamientos, desguaces, cementerios y demás compañeras de campo semántico de coche, Wenceslao Fernández Flórez apuntaba fino en la novela  El hombre que compró un automóvil (1932), cuando en el epílogo imaginaba un futuro habitado por vehículos motorizados. Tiempo después, consecuencia del desarrollo industrial y tecnológico y de la conversión del proletariado en clase media, vehículos, conductores, atascos, cláxones, insultos, atropellos, depredadores, víctimas e igual miseria, aunque en diferente formato, eran realidades indiscutibles que podían observarse en cualquier parte del mundo motorizado, por ejemplo sobre el asfalto de Roma a Nápoles o de esta a aquella, según el sentido del carril escogido en la coral y satírica El gran atasco ( L’ingorgo , 1978). Puede sonar exagerado, pero el mayor atasco registrado hasta la fecha duró diez jornadas; se produjo en la nacional 1...

Un burgués pequeño, muy pequeño (1977)

<<No querría que esto pudiese parecer una excesiva crítica a Sordi : en el fondo probablemente sin darse cuenta, el tipo que él forma tan inteligente y vívida ha creado se necesitaba como modelo, era necesario por la sociedad que vive en absoluta falta de sentido crítico. Para convertirse en un verdadero gran cómico, "universal" (como se diría) le hace falta un poco de sentido crítico; un poco de maldad intelectual, ¡tras tanta maldad visceral! Cabría la posibilidad, en efecto, de intercalar en su personaje algo que le falta: un poco de piedad, es decir, de conocimiento autopersonal y del mundo, aunque fuese de un mundo irracional y sentimental. Debería ser menos elíptico, menos amistoso; nosotros, que nos encontramos en medio, lo comprendemos rápidamente, los extranjeros (es decir, el espectador en el sentido absoluto) no. Él debe volver explícita aquella extrema sombra de piedad que permanece, sin embargo, en su infantilismo y que puede conmover a pesar de la monstruo...

Il Boom (1963)

Podría escribir un libro sobre Vittorio De Sica  y Cesare Zavattini y hablar sobre sus películas comunes o de las que realizaron por separado. Podría referirme a sus caminos profesionales, de celuloide y vidas; podría decir y comentar, como si creyese conocerles. Pero sé que no es así, que solo conozco ese algo suyo que han dejado impreso en planos, secuencias y diálogos de películas que todavía retengo en la memoria. Ese algo se descubre al acompañarles por una milagrosa barriada milanesa o por la eterna Roma de la posguerra o aquella que sufre el desarrollo económico satirizado en  Il Boom (1963). Arriba, dije que podría escribir sobre  Zavattini y De Sica , pero también puedo referirme durante medio día, y parte de la mitad restante, a  Alberto Sordi  y a su...

El arte de apañarse (1954)

Personaje a personaje, Alberto Sordi  describió y caricaturizó con sus interpretaciones a un tipo reconocible, característico de la sociedad italiana de la época o, siguiendo las palabras de  Mario Monicelli , <<incorporó personajes ambiguos, mezquinos, asumió en sus interpretaciones los modos de personajes italianos que existían, personajes viles, que se aprovechaban de los demás o que son serviles con el patrón>> 1 . A partir de estas interpretaciones, algunas impagables e irrepetibles, parte de la Italia de aquellos días quedó retratada de manera certera, aunque alejada del realismo asumido por el neorrealismo en la pantalla. Ya no se trataba de hacer una radiografía de la realidad filmando la supuesta realidad. No existía esa pretensión neorrealista, se trataba de expresar el sentir frente a esa misma realidad, pero desde la alteración -menos exagerada de lo que aparenta- y la interpretación subjetiva de las circunstancias, desde la sátira y el humor irónic...

Un americano de Roma (1954)

La relación profesional de Mario Monicelli y Steno se decantó por el humor y la sátira para evidenciar en sus comedias comunes distintas realidades del presente retratado; y lo mismo hicieron cuando separaron sus caminos. Aunque la carrera en solitario de Monicelli alcanzó mayores cotas, la de Steno nos descubre una película que se burla sin disimulo de la creciente e imparable presencia de lo estadounidense en la Italia de la posguerra. El inicio de esta expansión —cultural, económica, física, tecnológica,...— podríamos datarlo en 1898, cuando, deseoso de codearse con las naciones imperialistas, la administración de William McKinley decidió dar un paso fuera de sus fronteras y anexionó el archipiélago de Hawaii, aumentó su presencia en el continente asiático e inició una guerra con una potencia del pasado que por aquellos días solo era un espectro agonizante. Pero las influencias internacionales estadounidenses se hicieron más visibles a raíz de la hegemonía mundial de sus empre...

El jeque blanco (1952)

Compartida la labor de dirección con Alberto Lattuada , la primera experiencia de  Federico Fellini  detrás de la cámara resultó un fracaso comercial que supuso deudas financieras para ambos, pero tal descalabro no desesperó a Fellini , quien, de inmediato, se puso a escribir un guion que iba a significar el debut  de  Michelangelo Antonioni  en la dirección de largometrajes . Sin embargo, la idea original del film había partido del realizador de Gente del Po  (1947), Antonioni se desentendió del proyecto y Fellini asumió la dirección del que acabaría siendo su primer largo en solitario. Al lado de sus guionistas habituales,  Tulio Pinelli y Ennio Flaiano , y de otros indispensables de su cine, tales el compositor  Nino Rota , el director de fotografía Otello Martinelli  y la actriz Giulietta Masina , en un breve papel que años después cobraría el protagonismo absoluto de Las noches de Cabiria  ( Le notte di Cabiria , 1957),  Fel...