Surrealismo mágico Por Antonio Pardines Podría decir que El tiempo de los gitanos ( Dom za vesanje , 1988) es una mezcla de neorrealismo —del Vittorio De Sica y Cesare Zavattini de Milagro en Milán ( Miracolo a Milano , 1951) y El techo ( Il tetto , 1956)—, de la literatura de Bohumil Hrabal y del cine de Fellini y de Buñuel, así como de la comedia del absurdo, del realismo mágico y del folclore gitano —no en vano, los diálogos de la película se dan en romaní—, pero es algo más. Es una película que define para siempre el estilo de Emir Kusturica y lo sitúa entre los grandes creadores de fantasías marginales que, partiendo del particular, resultan universales porque hablan de comportamientos y de sueños humanos; aunque el director serbiobosnio los deforme hasta alcanzar ese estilo suyo tan reconocible en toda su obra. La historia de su tercer largometraje, ovacionado en Cannes como pocas veces se había visto, muestra en el plano secuencia de los créditos el ambiente y el espacio peri...