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Mostrando las entradas etiquetadas como aki kaurismäki

Contraté a un asesino a sueldo (1990)

Las sátiras de Aki Kaurismäki son lacónicas como sus personajes, que padecen situaciones de exclusión social; de hecho, son marginados como el protagonista de Contraté un asesino a sueldo (I Hired a Contract Killer, 1990) cuando le despiden de su trabajo y se encuentra con una realidad vacía, aislada, muerta. La mayoría de los hombres y mujeres que campan por las comedias y cuentos sociales de Kaurismäki sufren las consecuencias de una sociedad capitalista depredadora que no cesa de generar crisis económicas, tal vez forzadas para reflotar una y otra vez la economía; en todo caso, constantes —cualquiera comprende que un continuo crecimiento económico es imposible y que las crisis son inherentes al propio sistema y ninguna promesa de cambio va a cambiar tal realidad—. En ese tipo de sistema, también en otros, el individuo trabajador no deja de ser un peón que, cuando innecesario, se echa a la basura sin el menor miramiento. Así lo piden los números, así lo exige la economía de las grand...

Leningrado Cowboys Go America (1989)

El surrealismo (y también la parodia) nace para ir contra el orden y liberar no solo el arte, sino al individuo de las cadenas que lo imposibilitan en sociedad o dentro de un orden social, también artístico, que lo limita a un estado racional deshumanizado; una especie de esclavitud a la que los surrealistas y los naturales del absurdo quieren poner fin. En ese aspecto, me gusta cuando André Breton sueña con que <<hay un hombre a quien la ventana ha partido por la mitad>> y da pistoletazo de salida al movimiento al que se adscribe Luis Buñuel en sus años mozos en París. Además, siento simpatía por quien va a contracorriente, porque el ir allí donde nadie más acude es la inclinación de su naturaleza; sin embargo, no conecto con quien lo intenta dando el cante, para llamar la atención sobre su figura y forzar una situación o una imagen que imponer y vender, pero que resulta pesadamente artificial. Por eso, no todos los surrealistas me convencen; sobre todo aquellos que, como...

Fallen Leaves (2023)

Le gusta el cine, abrió uno en Helsinki —<<el primer gesto de Aki fue tirar a la basura las dos máquinas de palomitas del precedente propietario de la sala>> (1)—, realiza homenaje y guiños al cine, pero no a cualquier tipo de cine. Así en Fallen Leaves (Kuolleet Lehdet, 2023) guiña a Jim Jarmusch en su film de zombies Los muertos no mueren (The Dead Don’t Die, 2019) y a la salida de la proyección el finlandés aprovecha para burlarse de la cinefilia —él mismo era un cinéfilo empedernido en la década de 1970— y también para lucir carteles de obras cinematográficas, lucimiento que se repite en varios momentos de su película. Así asoman Breve encuentro (Brief Encounter, David Lean , 1945), El dinero (L’Argent, Robert Bresson, 1983), Rocco y sus hermanos (Rocco e i suoi fratelli,  Luchino Visconti , 1960), Círculo rojo (Le cercle rouge,  Jean-Pierre Melville , 1970) o Fat City ( John Huston , 1972), pero no son estas películas sobre “perdedores” las que le inspi...

Le Havre (2011)

—Entonces, ¿no hay esperanza? —pregunta Arletty. —Los milagros existen —responde, evasivo, el doctor. —No en mi barrio —niega ella. Conservar la ilusión y la esperanza en la desesperanza permite al individuo continuar caminando, creyendo posible una realidad mejor, aunque la realidad sea tan cruda como la apuntada en Le Havre (2011). Así parece asumirlo Aki Kaurismäki en esta comedia milagrosa que plantea problemáticas como el trato al inmigrante que el sistema considera ilegal y lo convierte en tal. Esa ilegalidad es fruto de leyes, no de la naturaleza ni de la personalidad, ni de la valía de los hombres, mujeres y niños a quienes los gobiernos de los países de destino consideran sospechosos —como parece corroborar la escena en la que se abre el contenedor donde se encuentran los inmigrantes; en la presencia de fuerzas de asalto policiales en el puerto de Le Havre—, sencillamente porque huyen hacia un futuro mejor, o que ellos sueñan mejor. Desean lo que cualquiera: alcanzar el...

El otro lado de la esperanza (2017)

La disparidad en las causas de los movimientos migratorios no cambia que, mayoritariamente, quien abandona su hogar lo hace obligado. En su imposibilidad presente, siente que solo lejos del lugar de origen —donde las circunstancias sociales, políticas, religiosas, económicas, o todas juntas, le niegan las necesidades básicas— podrá aspirar a tener un futuro. Cierto que la promesa no es lo mismo que la tenencia, pero la esperanza de mejora determina el movimiento, y dicha esperanza nace en la desesperación. La mayoría de las veces surge de la apremiante necesidad de dejar atrás situaciones tan insostenibles como las sufridas por Khaled  ( Sherwan Haji ) y su hermana Miriam  ( Niroz Haji ) . Salvo por aventura o placer, nadie abandona su entorno, si es confortable y promete plenitud. Ni Idrissa, el niño inmigrante de Le Havre (2011), ni Khaled  en El otro lado de la esperanza ( Toivon Tuolla Puolen , 2017) dejan Gabón y Siria, respectivamente, por gusto o aventura. Tampoc...

La vida de bohemia (1992)

El humor y el laconismo de  Aki Kaurismäki  hacen único y reconocible su cine; dan forma a sus películas, como también lo hace su admiración por determinados cineastas a quienes homenajea sin disimulo a lo largo de su obra fílmica. Ese humor se impone silencioso en la pantalla sin pretender ni esperar una carcajada; es irónico e igual de lacónico que sus personajes, forma parte de ellos, de sus vidas y de su desencanto. La fidelidad que se guarda a sí mismo, a su pensamiento y a su interpretación del cine, aleja a  Kaurismäki  de cualquier otro cineasta contemporáneo. Su cine es el de un bohemio que, como tal, nada a contracorriente o sigue su corriente. Prescinde de artificios y de verborrea que desvíen la atención sobre aquello que muestra en pantalla. Rechaza los discursos audibles y vacíos, no busca rostros atractivos y huye de los espacios lujosos porque sus antihéroes habitan en la marginalidad; son marginados, son los desposeídos. Se decanta por la austeri...

Juha (1999)

Algunas veces me planteo si somos una sociedad que fomenta, acata y vive en la cultura 451, o quizás debería adaptarme a los tiempos que corren y llamarla cultura del GIF. Me digo que no quemamos libros, que directamente los ignoramos. Que no sabemos que existen, ni nos molestamos en saber que existen. Que dejamos que imprescindibles de la literatura y del pensamiento humano se pierdan en el olvido, y que lo mismo hacemos con las películas que hicieron del cine un medio de expresión, divulgación, entretenimiento y reflexión. Que preferimos la seducción de las formas llamativas, aunque estén vacías, de las frases hechas que solo hablan en la superficie y de imágenes que se repiten y nosotros elevamos a los altares del no va más cuando las aplaudimos, sometidos con alegría grupal al consumo de lo instantáneo y de lo masivo, a las modas que alabamos mientras presumimos -sin ser conscientes- de nuestro desconocimiento, de nuestra desmemoria y desinterés. Tampoco me llevo a engaño ni me ...

Ariel (1988)

Cualquier film de Aki Kaurismäki es fiel a  Kaurismäki . Alguien podría decir: pues vaya, menuda tontería ha escrito este. Entonces, todo está dicho y aquí termina la lectura... Pero, para quien se plantee la supuesta superficialidad que abre esta entrada y decida continuar, lo dicho arriba supone reconocer que el cine del realizador finlandés nace de sus ideas y de sus convicciones, de su cinefilia y de su interpretación del mundo, de ahí que presente posturas éticas y formas estéticas que reaparecen en cada una de sus películas, sobre todo su voz o, mejor escrito, su ausencia sonora, desde la cual se materializa la conciencia humana y social del cineasta. La voz de Kaurismäki se eleva en las omisiones, en los silencios que identifican a sus personajes, en la ironía de las imágenes, en la ausencia de adornos y de movimientos bruscos de cámara que falseen su mirada y aparten la atención de cuanto pretende expresar. Dicha voz nunca calla, va al grano y desvela sin miedo y sin re...

Sombras en el paraíso (1986)

Las películas de Aki Kaurismäki protagonizadas por miembros de la clase obrera rompen el tópico (meridional) del bienestar y equilibrio social de los países del norte de Europa. También en latitudes septentrionales existen crisis económicas y circunstancias socio-políticas que parecen encaminar a la sociedad hacia la deshumanización que el cineasta señala desde su desencanto y su humor irónico. A la hora de exponer en la pantalla la Finlandia que conoce, Kaurismäki apuesta por la contención expresiva de sus protagonistas, en las antípodas de la verborrea que emplean los personajes de comedias mediterráneas que aborden cuestiones sociales similares a las señaladas por el realizador en su "trilogía del proletario" o, como prefiere llamarla, "trilogía de los perdedores", <<porque, si se mira a los protagonistas, más que obreros son ante todo perdedores>>*. Para empezar, y dejando a un lado aspectos culturales propios de su país,  Kaurismäki no emplea s...

Hamlet va de negocios (1987)

Conscientes de que el cine eran imágenes e ilusión en movimiento, los cineastas del periodo silente fueron desarrollando recursos propios para intentar alejar el nuevo medio de expresión del arte escénico, aunque esto no implicó que las obras teatrales fuesen rechazadas como fuentes de inspiración para directores, productores y guionistas, que adaptaban piezas teatrales y las transformaban en cinematográficas. Todos ellos eran conscientes de que el cine no era teatro, tampoco narrativa literaria, y, aunque los primeros momentos del sonoro se buscaron soluciones a los problemas derivados del nuevo adelanto tecnológico en los profesionales de la escena —contratando actores, actrices, directores y escritores—, el distanciarse del género teatral no fue un capricho, fue una necesidad y una exigencia de un entretenimiento visual (con el tiempo también sonoro y hablado) que alcanzó plenitud en  las comedias mudas de  Sennett ,  Chaplin  o  Keaton , en el uso del mon...

Nubes pasajeras (1996)

En la década de 1990, Finlandia sufrió una severa crisis económica que elevó la tasa de paro entre la población activa, precipitó el cierre de numerosas empresas y provocó la miseria que Aki Kaurismäki  retrató en su trilogía de los perdedores. Nada hay de idílico en la personal mirada cinematográfica de Kaurismäki  y sí austeridad, honestidad y lucidez. Con ella observa el abismo que se abre ante los protagonistas de Nubes pasajeras  ( Kauas pilvet karkaavat , 1996) y, aunque dicha mirada sea contundente, certera y crítica, no está exenta de humor, de cierto surrealismo y de esperanza hacia sus personajes. La economía, la suerte y las instituciones dan la espalda a Ilona ( Kati Outinen ) y a Lauri ( Kari Väänänen ) y los condena al exilio social que sucede a la pérdida de sus trabajos. Sin ocupación laboral, inician la búsqueda de nuevas opciones que los reubique, aunque, para individuos corrientes, maduros y trabajadores como ellos, no las hay. Así descubren que se en...

Un hombre sin pasado (2002)

En Un hombre sin pasado ( Mies vailla menneisyyttä ) Aki Kaurismäki realizó una lúcida y amena reflexión sobre la crisis económica y la globalización, enfocada desde una perspectiva humanista en la que el drama y el humor habitan en personajes a quienes se descubre desde un realismo utópico que da la espalda al pasado, como también lo hace su protagonista para asumir un nuevo comienzo, aunque este se inicie después de recibir una paliza de muerte en un presente que se descubre desolador. Tras su accidental encuentro con tres energúmenos que lo atacan sin motivo, M ( Markku Peltola ) muere en su vida anterior para renacer sin identidad, sin posesiones y sin recuerdos de su existencia pretérita. En ese instante despierta en un espacio marginal habitado por desheredados que han sido olvidados por un sistema que prioriza los aspectos materiales y económicos sobre el bienestar individual prometido y no cumplido. El sin nombre parte de cero y cuanto observa implica novedad y descubrim...

La chica de la fábrica de cerillas (1990)

Su inicio podría servir para un documental sobre la producción de cerillas, pero nada más lejos de la intención de Aki Kaurismäki , que representa otra realidad: la de Liris ( Kati Outinen ), su protagonista. Lo hace adecuándola a su estilo lacónico, preciso, minimalista, herido, irónico, tragicómico, de posible aunque dudosa influencia chaplinesca, pues la antiheroína de Kaurismäki , difiere del vagabundo de Chaplin , a pesar de que también viva atrapada dentro de la maquinaria industrial. A su manera, el vagabundo chaplinesco es un triunfador, pues siempre sale indemne de una sociedad represora, que esclaviza, que niega la libertad a sus individuos.  Chaplin , que no hace ningún cine proletario, aunque en Tiempos modernos ( Modern Times , 1936) apunte una realidad laboral deshumanizada. El suyo no puede considerarse como tal, por la sencilla razón de que da la espalda al sistema y de que sobrevive siempre en fuga, solitario, fuera de los márgenes y decidido a no madurar, ...