La amabilidad de Jean Becker a la hora de priorizar las relaciones personales, familiares y de amistad, y el lado bueno de las cosas y de la vida en sus comedias dramáticas, o en sus dramas cómicos, apunta la habilidad e intereses de un cineasta que no pretende sorprender, sino que le gusta contar lo aparentemente trivial. Puede que su intención de narrar historias corrientes, de personajes que podrían ser cualquiera, no conquiste a quienes exijan o esperen del cine algo más grande que la vida. Pues ese no es Becker , que ve más grande la vida que las películas, y pretende llevar sencillez y un poco de sustancia vital a su cine, aunque sea en una comedia que pueda parecer que peca de sentimental o que no tenga más pretensión aparente que emocionar con emociones, como es el caso de este film que se desarrolla prácticamente en la habitación del hospital donde convalece Pierre ( Gérard Lanvin ), tras un accidente en el que fue atropellado. Cierto que no hay novedades, pero acaso ¿qué vid...