Stanley Kramer tituló una de sus comedias El mundo está loco, loco, loco, loco (It’s a Mad, Mad, Mad, Mad, World, 1963), título que caería bien a Relatos salvajes (2014). Pero el motor de este popular film episódico del argentino Damián Szifron no es el dinero, aunque en cualquier sociedad capitalista, o no capitalista, el dinero, la economía, sea el motor del sistema y, por tanto, el que mueve el conjunto y genera los distintos ritmos de vida. Sitúa a unos arriba y a otros abajo, también hay a quien ubica entremedias; claro que la “cosa” es más compleja, siempre lo es. El individuo vive determinado por las diferencias y las normas inculcadas por dicha sociedad; es decir, vive condicionado por un sistema cerebral creado para ejercer control sobre quienes lo forman. No hay posibilidad de escape, salvo para el ermitaño o los marginales expulsados del mismo. Pero los personajes de Relatos salvajes , al menos por un instante (el cinematográfico), estallan y se apartan de los condicionant...