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Mostrando las entradas etiquetadas como elizabeth taylor

Un lugar en el sol (1951)

Ni pasado ni presente ni futuro son tiempos mejores unos que otros, solo distintos, salvo por el hecho de que se igualan en la circunstancia de ser el presente de quienes les corresponde vivir el momento. Por otra parte, si miramos el ayer, hay cuestiones que se han mejorado respecto al tiempo pretérito; y otras quizá no tanto, incluso las hay que han empeorado. Pero en cuestión de moralidad, de verse atrapado en la represión y sumisión a la que se somete al individuo que la sufre, existe en la actualidad, al menos en apariencia, cierta liberación respecto a la época en la que Theodore Dreiser escribió Una tragedia americana , publicada en 1925, o cuando George Stevens realizó Un lugar en el sol (A Place in the Sun, 1951) basándose en la novela citada y en la obra teatral que Patrick Kearney escribió a partir de la misma. Pero lo que indudablemente parece no haber cambiado son las emociones y ambiciones humanas, las contradicciones y los conflictos que se desatan entre el individuo y ...

Una mujer marcada (1960)

Había acordado participar en la superproducción que Rouben Mamoulian iba a realizar sobre el triángulo Cleopatra, Julio Cesar y Marco Antonio, cuando su contrato con MGM estaba a punto de concluir, después de dieciocho años en el estudio, pero antes <<aún tenía que rodar su última película para la Metro. El estudio quería explotar los escándalos de su estrella y le ofrecieron protagonizar Una mujer marcada , basada en la vida de una famosa prostituta de lujo en Nueva York. Tras leer el guion, a Liz le pareció un insulto a su persona. “La protagonista es una ninfómana —se lamentó—. Es una historia tan repugnante que no la haré por nada del mundo.” Los ejecutivos la amenazaron con suspenderle el contrato y no podría trabajar en otra película durante dos años. Finalmente aceptó a regañadientes porque no quería perder su contrato millonario con la Fox. Estaba tan enojada que les aseguró que “les iba a causar todo tipo de problemas” y exigió que le dieran un papel a su esposo Eddie Fi...

Elizabeth Taylor, un lugar en el cine

A la edad en la que muchas niñas aún van al parque a jugar, Elizabeth Taylor empezaba a trabajar y debutaba en el cine. Tenía nueve años y tres después, ya era una estrella. Pero, al contrario que tantos prodigios infantiles que alcanzaron dicho estatus, ella no hizo más que acrecentar su popularidad y su brillo con el paso de la infancia a la edad adulta. Siendo su época de mayor esplendor la comprendida entre las décadas de 1950 y 1960 —en esta última obtuvo sus dos premios Oscar—. A los treinta años ya era la actriz mejor pagada de Hollywood. Fue la primera en cobrar un millón de dólares por una película, Cleopatra ( Joseph L. Mankiewicz , 1963), la cual también sería el inicio de su relación personal —que una y otra vez salía a la luz publica— y profesional con Richard Burton. Trabajaron juntos en doce películas; siendo la ultima común la televisiva Se divorcia él, se divorcia ella (Divorce His, Divorce Hers, Waris Hussein, 1973). Por entonces, ya imponía sus condiciones a los pr...

Reflejos en un ojo dorado (1967)

A John Huston le gustaba experimentar con la textura y los tonos de sus películas en color. Moulin Rouge (1952), Moby Dick (1956) y Reflejos en un ojo dorado (Reflections in a Golden Eye, 1967) son los mejores ejemplos. De ahí que fuese insistente en ese punto y algo “dejado” en otros —no se preocupaba demasiado en indicar a los actores y actrices qué esperaba de sus actuaciones, cómo actuar o crear sus personajes; les dejaba libertad para improvisar—. Era un tipo peculiar, de eso no cabe duda, tampoco la hay respecto a que era un cineasta de primera, con un sentido visual innato, osado, dispuesto al reto, como lo pudo ser llevar a la gran pantalla el libro  Reflejos en un ojo dorado y lograr una película perturbadora, cuyo tono dorado apagado y su marco físico —un fuerte militar en el sur de los Estados Unidos— elevan la sensación represiva y la carga psicológica que pesa sobre los personajes. A pesar de que ese espacio les reúne, no hay comunión ni posibilidad de establecerl...

¿Quién teme a Virginia Woolf? (1966)

El debut de Mike Nichols se produjo en ¿Quién teme a Virginia Woolf? (Who Afraid to Virginia Woolf, 1966). Podría decirse que debutaba en la dirección por la puerta grande, al contar con la presencia de Elizabeth Taylor y Richard Burton en un duelo interpretativo de altura, tras el cual quizá se escondiese el personal. ¿La pareja vivía una crisis matrimonial, como también la viven Martha y George? Ni idea, pero el matrimonio que durante dos horas de metraje no para de gritarse y de culparse, sí. Tampoco paran de ocultar y exteriorizar secretos, de escupir a la cara rencores, decepciones y saliva, pero también existe una extraña y mutua necesidad de humillarse para alcanzar el paroxismo tras el que recuperar la calma, aunque dudo que sanen las heridas. La historia de Martha y George nace de la mente de Edward Albee. Suya es la obra teatral en la que se basó el guion de Ernest Lehman, que también fue el productor de ¿Quién teme a Virginia Woolf? Pero ¿de quién es la película? ¿De Nicho...

La gata sobre el tejado de zinc (1958)

Aunque haya películas que pequen de teatrales, existe una distancia insalvable entre cine y teatro, y entre cine y literatura. Y así debe ser entre medios expresivos distintos y con peculiaridades y exigencias propias; aun se descubran conexiones entre ellos.  <<El cine y la novela son dos modos de narración diferentes. A menos que coloquemos el libro frente al objetivo de la cámara y filmemos directamente el texto pasando las páginas, una novela debe sufrir inevitablemente modificaciones radicales>>, 1 no sin conocimiento,   Richard   Brooks   afirmaba esto y más:  <<En realidad, el hecho de que no se pueda extraer un buen film sin sensibles modificaciones constituye precisamente uno de los signos distintivos de una buena novela. Es también cierto que una novela filmada escena por escena nunca será un buen film. Lo mismo que un buen film no se convertirá en una buena novela si uno se contentase con transcribirlo palabra por palabra, por muy m...

La senda de los elefantes (1953)

<<Desde hacía algún tiempo tenía la sensación, poco acusada, pero creciente, de que la cosa no iba bien. Vivien, que siempre había puesto mucho cuidado al elegir sus papeles, se entusiasmaba últimamente con un trabajo que a mí me parecía una mala elección: un melodrama vulgar, ambientado en Ceilán, que iba a empezar a rodarse a fines de enero de 1953>>. 1   La senda de los elefantes ( Elephant Walk , 1953) no es tan vulgar como Laurence Olivier refiere en sus memorias, aunque diste de ser uno de los grandes films de William Dieterle . Como cualquier otra, también esta película tiene una historia previa a su exhibición en las salas comerciales y parte de la misma afectó a Oliver y a Vivien Leigh . <<Los productores me habían propuesto que fuera yo quien interpretara el papel masculino de la película. Vivien me pregunto si estaba seguro de que no quería hacerlo. Comprendía que era una pregunta bastante inútil, sabiendo, como sabía, que no solo estaba en contra del...

El padre de la novia (1950)

Previo a cualquier otra idea que aquí exponga, introduzco la de que Spencer Tracy era un actor mayúsculo, y no una estrella, aunque lo fuese. Tracy fue actor, no un icono del sistema de estudios. Creaba y engrandecía los distintos tipos de personajes que le encargaban; era un todoterreno y quizá por ello no lograron encasillarlo en un solo tipo, algo que las majors de Hollywood solían hacer con sus estrellas. Aunque fuesen grandes actores (lo mismo sucedía con las actrices), les ofrecían las películas que sacaban partido a la imagen que el público tenía de ellos: Cooper , el héroe;  Gable , el chico peligroso;  Grant , el galán sofisticado;  Wayne , el rostro del oeste o Stewart , el honesto ciudadano medio, pero  Tracy  —y quizá también Fredric March —   podía ser todos o ninguno. Dotaba de dimensión humana y real a cualquiera de sus múltiples rostros, evolucionaba en cada etapa de su carrera y se acercó a lo que —en este momento que escribo— considero...

De repente, el último verano (1959)

La pasión por el teatro se hace visible a lo largo de la filmografía de Joseph L. Mankiewicz , ya sea en  Eva al desnudo ( All about Eve , 1950), que adapta un guion original que se desarrolla dentro del ámbito teatral, el inicio de Mujeres en Venecia ( The Honey Pot , 1967) —en la puesta en escena de la obra Volpone del dramaturgo isabelino  Ben Johnson — o en producciones como  Murmullos en la ciudad ( People Will Talk , 1951), Julio César ( Julius Caesar ; 1953) o La huella ( The Sleuth ; 1972), que tienen su origen en piezas teatrales de los autores  Curt Goetz , William Shakespeare  —para Mankiewicz el más grande— y Anthony Shaffer . Dentro de este conjunto de adaptaciones también se incluye  De repente, el último verano  ( Suddenly, Last Summer , 1959), una película de fantasmas sin más espectros que los interiores que atormentan a sus dos protagonistas femeninas, espectros que nacen de la figura ausente de un personaje tan imp...